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“En la 55ª semana Espirita de Vitoria Da Conquista, ocurrida en aquella prospera ciudad baiana, en el mes de setiembre del 2008, el querido médium Divaldo Franco, relato al publico un hecho verídico vivido por el, que mucho sensibilizo a cuantos lo oyeron en aquella ocasión en que se estudiaba: Reencarnación una cuestión de justicia....
Cuando preguntaron al médium si el creía en la reencarnación, dijo que no creía en ella, pues aun mas allá- ¡el sabia que existía! Y nos narro el siguiente episodio, que ahora visto en mi propia emotividad al escribirles este sencillo articulo.
Divaldo, hace cerca de 40 años fue por vez primera a París, hospedándose en la residencia de familiares de un matrimonio amigo residente aquí en Rio de Janeiro, en la época: Ligia y Emílio Ribeiro. La primera noche en aquella capital le fue muy difícil, no consiguió conciliar el sueño de modo alguno y siendo victima de atroces fenómenos psíquicos. Por la mañana, sintiéndose muy extraño, pidió permiso al matrimonio anfitrión para salir y dirigirse a algún lugar que el mismo no sabia donde seria. El matrimonio quedo perplejo, sin entender, como una persona que jamas hubiera ido a aquella ciudad pedía para salir solo, para ir no se sabia donde...
Ademas era las 7 de la mañana de un lunes, donde los monumentos históricos franceses no estaban abiertos al publico. Pero, Divaldo insistió, afirmandoles que llevaría la dirección de ellos en el bolsillo y diciéndoles que en cualquier caso los avisaría por teléfono o cogería un taxi. Ellos accedieron. Divaldo salio a pie, después cogió el metro, después un autobús que comenzó a llevarlo para las afueras de la ciudad. Algún tiempo paso dentro del autobús y el médium cada vez mas se sentía en otra personalidad, esa muy endurecida, pareciendo detestar todo y a todos a la vuelta....
El autobús comenzó a pasar cerca de cierto bosque. Divaldo pidió al conductor parar, descendió del vehículo, dirigiéndose a un camino de piedras, muy bien cuidada, un camino real, que terminaba en frente de un enorme Monasterio también revestido de piedras, donde bella torre de iglesia predominaba al fondo. Era una orden religiosa, de monjas de clausura, que era del siglo XVII, fundada en 1606 por un fraile capuchino. Divaldo cada vez mas entronizaba aquella personalidad extraña para el, se sentía aturdido, pero se dispuso llamar a la puerta del Monasterio, donde una sonriente monja portera le informo que el Monasterio no estaba abierto a visitas publicas; que las monjes eran de clausura y solo les era permitida una única visita masculina, la del confesor de la Institución. Divaldo, muy pálido pidió que le fuese a llamar a la monja maestra, ¡y se dio cuenta que estaba hablando en francés! Era un francés con un acento diferente...
Sin saber porque la mujer aprobó, lo mando entrar hasta el salón donde una religiosa, de cerca de 60 años, paso a decirle de la imposibilidad del intento por él deseado. El médium mas pálido y sudando mucho dijo que deseaba una entrevista con la Abadesa. Vino la Abadesa, veneranda señora belga de cerca de 70 años, y pasaron los dos a dialogar mas o menos así:
-Señora, yo soy el fundador de esta Institución, muy dura para las jóvenes que aquí habitan, cuando la instituí yo no me daba cuenta de eso, pero hoy vengo a pedirle para ser mas complaciente con las monjas, ¡actué con mas amor, con mas benevolencia para con ellas!
-Mi hijo, ¡usted es tan joven! ¿Porque esta hablando en francés provenzal? Mi hijo, esta Institución fue fundada en el siglo XVII en 1625. Usted esta aturdido, voy a llevarlo de vuelta. ¿Donde se hospeda? Vaya en compañía de la hermana maestra y de otra religiosa....
-No antes quiero visitar la celda donde fallecí.
-¿Como usted sabe que nuestro fundador murió aquí?
-¡Hermana, yo soy el! Yo vivía en oración continua, tanto que donde yo me arrodillaba, el suelo de piedra pómez, quedo un poco mas hondo que el resto del suelo.... Mi celda poseía un grabado de Madona, que cierto día, después de muchas oraciones, inadvertidamente, queme un pedazo con una vela encienda.
-¿Como usted puede saber eso? ¡Esas referencias verídicas no constan en ninguna de nuestras publicaciones!
-¡Hermana yo soy el! Hermana usted dice que no puedo visitar mi celda porque tendría que pasar por el patio interno, donde quedan las clausuras prohibidas al sexo masculino... Pero, si fuéramos por el altar mayor, detrás de el, hay una puerta, que da para unas escaleras, que van a terminar a un corredor, donde sin pasar por la clausura, sin pasar por el patio principal, llegaremos a mi celda, hermana! ¡Vamos!
-¡Ya que insiste tanto y para acabar luego con esto, venga y muéstrenos el camino que dice conocer!
Y Divaldo fue en frente, mostrando el camino, que reconocía, con la Abadesa detrás de el, después la hermana maestra seguida por la monja portera. Como en los viejos tiempos... El fundador al frente de todas....
Después del deseo del médium haber sido concretado y, Divaldo haber observado en la celda la usada vestimenta del sacerdote, haber visto el suelo realmente desgastado cerca del reclinatorio, y de no haber visto mas el gravado de Madona que ella no estaba, todos muy emocionados, volvieron por el mismo camino....
La Abadesa pidió para que las otras dos se retiraran y le pregunto que seria aquel fenómeno, Divaldo le hablo abiertamente de la reencarnación, de la ley de causa y efecto y, le prometió mandarle El Evangelio según el Espiritismo y el Libro de los Espíritus en francés, luego que volviese a París. Ya era hora del almuerzo y Divaldo le convidaron en la Institución. Continuaron la conversación el médium y la Abadesa. Ella muy emocionada, expreso la amargura por saber de todo eso “tan tarde”, lo que Divaldo le dijo que no, que ella estaba en la plenitud de sus fuerzas y que podría con el nuevo conocimiento, usar del Amor Incondicional del Cristo para las mozas allí recogidas. Convidado a merendar, pues ya eran las 16 horas, el declina el convite, pero acepta volver con las referidas monjas para París donde por cierto el matrimonio debería estar preocupados con tan prolongado ausencia.
En el día siguiente, rehecho y feliz, el propio fue a una librería para comprar los dos libros de Kardec, que su anfitrión, gentilmente, entrego al Monasterio. Pasan a corresponderse el y la Abadesa Beatriz que dos años después es transferida para Bélgica, por obligaciones administrativas; en la década de los 80 Divaldo la visita, en el referido país, nonagenaria, lucida, muy feliz con el reencuentro, mostrándole el Evangelio según el Espiritismo, que tanto leía y releía, y ahí el médium le contó su vida actual, de las conferencias, de la Mansión del Camino y de mas actividades que le dijo al respecto.”
Jefferson Severino
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