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Se escucha, a veces, la afirmativa de que la mediúmnidad es hoy, la enfermedad del siglo. Y se apunta como causa de la locura, del desequilibrio mental, su ejercicio. Bueno, la mediúmnidad es una facultad psicofísica, que es normal en casi todas las criaturas. El eminente profesor Charles Richet la denominó sexto sentido. Por lo tanto, no es algo nuevo. La mediúmnidad estuvo presente en Francisco de Asís, que se extasiaba delante del espectáculo de la naturaleza y componía poemas delicados, extravasando lo que su alma percibía de la Espiritualidad Superior. Igualmente en los éxtasis de Teresa Dávila o en los coloquios de Rita de Casia, que llegó a reproducir en su cuerpo las llagas de Cristo. La mediúmnidad, hoy tan conocida y poco comprendida, se encuentra descrita en la Primera Epístola a los Corintios, por el Apóstol Pablo, cuando habla de los dones y de los carismas.
Unos ven, otros oyen, otros hablan, otros profetizan, otros curan. Los dones y los carismas presentados por Pablo de Tarso son la mediúmnidad. Por ser conquista de los hombres, la poseen buenos y malos. Así la poseía también Adolf Hitler, que llegó a ejercerla en Berlín, en el período de 1914 a 1918, en el grupo Tullis. Él creía ser el látigo con el cual Dios puniría a la Humanidad.
Como se percibe, la mediúmnidad por sí misma no es buena ni mala. Su uso depende de las condiciones morales e intelectuales de su portador. De esta forma, es oportuno corregir la afirmativa inicial, diciendo que el mal del siglo es la obsesión y no la mediúmnidad. La obsesión es la influencia ejercida por un Espíritu malo sobre el ser encarnado. Ese mal sí, hoy asola a millones de criaturas, con desequilibrios de la personalidad y de la propia vida mental. La terapéutica es la educación de la mediúmnidad. La dirección moral que el hombre le da, elevándose en el orden psíquica, moral y emocional, pasando a sintonizar con los Espíritus elevados. De esos, solo recibirá sensaciones agradables, bienestar y realizaciones en el bien.
Nos cabe estudiar un poco más la mediúmnidad a fin de mejor comprender esa facultad que Dios nos presta para que podamos evolucionar.
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Cyrano de Bergerac, en el siglo XVIII, describió en su obra Viaje a la luna , un cohete de varios cuerpos y etapas que se quemaban sucesivamente, hasta situar la cápsula tripulada en órbita. Él también describió, en su obra, la radio y la grabadora. Y Von Braun, el idealizador de los cohetes norte-americanos afirmaba que, durante sus años de juventud en Berlín, veía a Cyrano. Dos ejemplos de mediúmnidad: premonición y videncia de dos personalidades del área literaria y científica.
Redacción del Momento Espírita
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