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Elogie de la manera correcta PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Administrador   
Miércoles, 28 de Diciembre de 2011 16:19

Recientemente un grupo de niños pasó por una prueba muy interesante. Psicólogos propusieron una tarea de media dificultad, pero que los niños ejecutarían sin grandes problemas. Todos consiguieron terminar la tarea después de cierto tiempo. En seguida, fueron divididos en dos grupos: el grupo A fue elogiado cuanto a la inteligencia. Uau, ¡cómo eres inteligente! ¡Qué despierto eres! Chico, ¡qué orgullo de ver cuánto eres genial! Y otros elogios a la capacidad de cada niño.

El grupo B fue elogiado cuanto al esfuerzo. Chica, ¡me gustó de ver cuánto te dedicaste en la tarea! Chico, ¡qué estupendo haber visto tu esfuerzo! ¡Qué persistencia demostraste! ¡Intentaste, intentaste, hasta conseguir, muy bien! Y otros elogios relacionados al trabajo realizado y no al niño en sí.

Después de esa fase, una nueva tarea de dificultad equivalente a la primera fue propuesta a los dos grupos de niños. Ellos no eran obligados a cumplir la tarea, podían escoger si querían o no, sin cualquier tipo de consecuencia. Las respuestas de los niños sorprendieron. La gran mayoría del grupo A simplemente recusó la segunda tarea. Los niños no querían ni intentar. Por otro lado, casi todos los del grupo B aceptaron intentar. No recusaron la nueva tarea.

La explicación es simple y nos ayuda a comprender cómo elogiar a nuestros hijos: el ser humano huye de experiencias que puedan ser desagradables. Los niños inteligentes no quieren el sentimiento de frustración de no conseguir realizar una tarea, pues eso puede modificar la imagen que los adultos tienen de ellos. Si yo no consigo, ellos no me van a decir más que soy inteligente. Los esforzados no sienten miedo de intentar, pues aunque no consigan es el esfuerzo que será elogiado. Sin embargo, eso no es todo. Además de los contenidos escolares, nuestros hijos precisan aprender valores, principios y ética.

Precisan respetar las diferencias, luchar contra el preconcepto, adquirir hábitos saludables y construir amistades sólidas. No se consigue nada de eso por medio de elogios frágiles, enfocados en el ego de cada uno. Es preciso que sean incentivados constantemente a obrar así. Eso se hace con elogios, feedbacks e incentivos al comportamiento esperado. Nuestros hijos precisan escuchar frases como: Qué bueno que lo ayudaste, tienes un buen corazón. Felicitaciones, hijo mío, por haber dicho la verdad a pesar de estar con miedo... eres ético. Hija, me sentí orgullosa por haberle dado atención a aquella niña nueva en vez de haberla excluido como algunas colegas lo hicieron... Eres solidaria.

Elogios de ese tipo están fundamentados en acciones reales y refuerzan el comportamiento del niño, que tenderá a repetirlos. Eso no es táctica paterna, es incentivo real. Elogiar superficialmente es más fácil para los educadores, pues tales expresiones casi siempre son patrones y no exigen reflexión por parte de quien las dice. Pero, los padres esforzados no deben estar atrás de soluciones fáciles, pero sí de las mejores soluciones para la educación de sus retoños. Aprendamos, así, a elogiar correctamente, reforzando comportamientos positivos, contribuyendo en la formación de hombres y mujeres de bien.

Redacción del Momento Espírita con base en el artículo Elogie de la manera correcta, de Marcos Meier, del site www.marcosmeier.com.br. Redacción del Momento Espírita. Mensaje traducido por el Grupo María de Nazaret-Santiago de Chile. Joao Cabral