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Escrito por Administrador   
Martes, 20 de Diciembre de 2011 16:34

El vino a la luz en una noche casi fría y para abrigarlo, los padres se sirvieron de paja y heno, destinados a los animales del lugar donde se abrigaban. Tuvo Su vida amenazada, desde los primeros meses, por quien temía verse destituido del trono de las vanidades. Vagó por tierras extranjeras, retornando a la ciudad de Sus padres, para crecer en gracia y vitalidad. El clima político era de intranquilidad. El pueblo al que pertenecía era esclavo de nación arbitraria y dominadora. El gobierno estaba centrado en el cúmulo de las riquezas y en la manutención del poder por la fuerza, por lo que fallecían además de otras razones.

Toda vez que mencionaran el nombre, a lo largo de los siglos que vendrían después, seria recordado como Aquel que viniera de la ciudad de las menos expresivas de Su nación. Su padre no tenia ninguna proyección social. Era carpintero y temprano, Sus manos largas y finas pasaron a modelar la madera. Cuando el tiempo fue propicio, Se hizo conocer por los hombres, sirviendose de frases dictadas muchos siglos antes de Su venida. Frases de conocimiento popular, repetidas de generación a generación, en cánticos de esperanza. Más aquellos mismos para quien viniera, no Lo reconocieron.

Esperaban a alguien lleno de pompa y El se hizo pequeño, para amar y servir a los hombres. Lo acusaron de crimen de sacrílego porque osó afirmar Su afiliación Divina, presentándonos al Padre de todos nosotros. Llamó a los que Lo seguían a los amigos, patentando que la amistad es de los más puros sentimientos. Afirmó que Se ofrecería en holocausto, en el momento oportuno y que, por Sus amigos, daría la propia vida. Él enseño la alegría, haciendose presente en momentos de importancia en la vida de parientes y de personas que deseaban con El compartir el pan, la mesa, la amistad.

Bendijo con Su presencia un casamiento, señalando la importancia de la familia. El llamo para Si a los niños, afirmando la importancia del periodo infantil y, educador excepcional, dijo de las graves responsabilidades de conducir bien ese periodo de la vida. Estuvo con los jóvenes e, idealistas, los invitó a seguirlo, con el fin de que tuviesen su juventud bendecida por el amor imperecibles. Hizo de la naturaleza Su templo y Su escuela, llamando la atención de los que Lo oían para las cosas pequeñas. El grano de mostaza, la higuera improductiva, la siega en el momento apropiado, el periodo de las estaciones, la caída de una hoja de un árbol.

Enseñó la nobleza en el sacrificio por amor a la verdad. Con Su sangre regó el ánimo de los que se tornaron Sus seguidores, en el transcurrir de los evos. Retornando del país del Más Allá, El que fuera abandonado, traicionado, Se presento para consolar a los amigos. Atestiguó la Inmortalidad con Su presencia, permitiendo Ser tocado, palpado. Conocedor de las necesidades humana más primarias, no Se olvido de preparar, en la playa, el fuego, ofreciendo a los amigos pescadores, el alimento, a Su regreso de las tareas. Fue un hijo amoroso, amigo incondicional, servidor de la Humanidad. No exigió nada. Ejemplifico la perfección y, en un convite vehemente, estableció que quien Lo desease imitar, bastaba con que tomara Su cruz y Lo siguiera.

Lo que El hacia todos lo podían realizar. No prometió recursos amonedados o situaciones de privilegio. El era el Modelo y Guía, sin siquiera poseer una piedra para reposar la cabeza. No era excepcional, afirmaba. Hijo del Excelso Padre, comulgando con Su voluntad nos revelo nuestra filiación Divina. Y en Su testamento de amor afirmó que somos los herederos de las estrellas, los señores de los astros, viajeros del Universo. Lo llaman Nazareno, Amigo Celeste, Galileo, hijo de Dios. No importa. El es Jesús, el amor insuperable. Nuestro maestro, Amigo, Hermano.

Redacción de Momento espirita