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Todos sabemos que es muy difícil caminar por esta vida en que vivimos, pues, en la mayoría de las veces, ésta cargada de sufrimientos y desengaños, sin que podamos encontrar un rincón que haya paz y felicidad. En casi todos los hogares de este mundo, si los sufrimientos no vienen de un lado, vienen de otro. Cuando la parte económica es buena, surgen otros problemas, pero a todos los seres humanos nos llegan los sufrimientos y las pruebas que esta vida nos depara, para que cada cual vayamos dando de sí, lo que se alberga en nuestro interior, y surgen de la forma más sencilla y natural, dentro de la propia familia, con las personas más cercanas, con los compañeros de trabajo, etc.
Siempre donde existe una convivencia, encontramos el peligro que sale a nuestro encuentro, porque tenemos que entender que todos somos distintos en gustos y en opiniones, y todos creemos tener unas razones sobradas para hacer o pensar como lo hacemos... Son muy pocas las personas que aparcan su amor propio a un lado, para analizar en justicia si la razón es suya o de aquél, y aún menos reconocemos nuestros propios fallos, que todos tenemos en mayor o menor medida.
Todo esto resulta casi habitual en el planeta, en que vivimos, donde el mal campea con libertad, pero si queremos hacer cambiar el giro de nuestra historia, tendremos que ir modificando a mejor, nuestras mismas formas y costumbres. Porque la vida no detiene su marcha. Todos vamos escribiendo nuestra propia historia y al final de cada jornada, tendremos que aceptar el veredicto que nos dicte esa Justicia Divina que, como justa que es, nunca se equivoca. Pero lo importante en esta vida, sería que nunca perdiéramos ese hilo invisible que es el que nos une a Dios, para mantener firme nuestra fe, a pesar de todos los contratiempos que recibamos, porque en esos momentos es cuando podemos demostrar a Dios, nuestra firmeza, nuestras convicciones y nuestro cariño.
Cuando se llevan muchos años de camino andado, adquirimos una capacidad distinta para ver cada cosa, no nos faltan las pruebas, pero ese confiar en Dios, allana los caminos. Las grandes figuras que dieron ejemplo a la Humanidad, nunca tuvieron una vida fácil, surgieron grandes martirios, y nunca desfallecieron. Siempre llevaron alto su estandarte de firmeza y lealtad, y nos dejaron ejemplos vivos para copiar. Y nosotros, aunque vayamos buscando un perfeccionamiento en nuestras vidas, pero aún nos queda ese remate final que nos de la garantía, como personas de bien, porque siempre llevemos en nuestro corazón las ideas claras para ir demostrando con hechos, lo que aprendimos de nuestros maestros.
Es muy importante, en estos momentos de nuestras vidas, que pensemos sobre nosotros mismos, porque el valor que tiene la vida no es otro que lo que ganemos con nuestro propio esfuerzo, para hacernos merecedores de una vida más sana, donde no exista el mal. Pero, para ello, antes hay que desechar de nosotros mismos, esa maldad que hoy nos aprisiona.
Extraído de la Revista: "La Hora de la Verdad"
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