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En 1977, cuando Chico Xavier vino a São Bernardo a inaugurar el Centro Espírita María João de Deus, tuvimos en mi residencia una conversación sobre Santa Isabel, canonizada en el siglo XVII, también reverenciada por Reina Santa, la bienhechora de la Península Ibérica. Estábamos en el mes de junio y el frío ya se prenunciaba en São Bernardo do Campo, en la estela del invierno próximo, siempre húmedo y brumoso. Mientras se tomaban las providencias para la esmerada merienda, con la presencia obligatoria de nuestro querido padre, Rolando, nos quedamos a gusto en el escritorio, repasando algunos asuntos frecuentes en nuestros diálogos.
En determinado momento insistí,en el porqué de la gran veneración que él dedicaba a Isabel de Aragón. Chico me dijo, alegre, expansivo y con gran entusiasmo:
- Caio, sus informaciones a respecto de los tiempos de la Reina Santa todavía son restrictos, ya que las noticias más densas le están llegando al conocimiento hace muy poco tiempo. Podemos sintetizar su trabajo apostólico en dos vertientes muy claras: la paz y la caridad. Era, en verdad, la reina de la paz y de la dedicación al semejante, en el palacio o en las oscuras y tristes habitaciones medievales, frías e incómodas. En aquellos tiempos, en el matrimonio de reyes, era habitual que las futuras reinas fuesen contempladas con generosos dotes, que les garantieran considerables rentas decurrentes de tributos variados en villas y patronazgos. Y su marido, D. Diniz de Portugal y Algar ves, no huyendo a la regla, la cumuló de bienes, en varias regiones de Portugal, como, por ejemplo, en Leiria.
Yo respondí:
- Sí, Chico, pero en eso ella fue exactamente igual a otras reinas...
- ¿Ocurre, amigo mío, que Isabel era diferente?. Donaba de todas las formas posibles, lo que tenía a los pobres, a los enfermos, a las madres anónimas. Eso, por veces, incomodaba, pero no mucho, al rey. Vea usted el conocido episodio de la transformación de los panes en rosas. La reina saciaba el hambre de tanta gente y el rey cerraba complacientemente los ojos... Usted, continuó Chico, no puede imaginar lo que significaba, en el rudo invierno, dejar el confort del palacio real y llevar lenitivo a los enfermos. En una de sus conocidas curas, mientras dedicadas colaboradoras se alejaron de la mujer con el pié gangrenado, la santa reina lo besó, sin ninguna repulsa, curando la gangrena. Su genio creador edificó hospitales y su ligación con Jesús le permitió curar a los enfermos del cuerpo y del espíritu, como lo había hecho Paulo de Tarso en sus viajes de predicación por Anatolia. Por otro lado, Isabel edificó, para perpetuar su fe religiosa, monasterios en que hermanas abnegadas le daban continuidad a la indómita ansia de ayudar a los menos favorecidos.
Medité sobre las muy cariñosas palabras de Chico y me vino a la mente la imagen del Monasterio de Santa Clara, que el Rio Mondego intentó sepultar, pero no consiguió, Allí residen las humildísimas hermanas de caridad, con su comportamiento franciscano, las Clarisas, que Isabel llevó a Portugal. ¡Todo esto hace más de seis siglos! La conversación agradable continuó:
- ¿Y cuánto a la paz? Le pregunté cómo actuó la Reina Santa.
– Ah, el título de Embajadora de la Paz le fue concedido por Jesús. No es tan solamente un reconocimiento del mundo. Incluso poco antes de partir para la Patria Espiritual, en 1336, Isabel enferma, solitaria, luchaba para que la paz reinase en aquellas tierras de tanta turbulencia. Voy a contarle con detalles una de las numerosas conquistas de la gran Isabel, en el campo de la paz, que tranquilizaron a Portugal, Castilla y Aragón, ésta, su tierra natal, en los largos años del reinado del esposo, y también en los once años siguientes a la muerte de D. Diniz. Me refiero a la búsqueda sin treguas del entendimiento entre el esposo D. Diniz y el hijo Alfonso IV, en período tan triste de la historia portuguesa.
Justamente cuando Chico comenzaba a contar sobre el empeño de la santa en los largos cinco años, para apaciguar padre e hijo, mi esposa tocó a la puerta del escritorio, diciendo:
- Discúlpenme, pero el “señor” Rolando insiste en que vengan para la merienda, pues el horario lo exige, se está haciendo tarde.
Para llegar a mi escritorio era necesario descender una pequeña escala y me recuerdo que Chico, muy alegre, sonriente, le dijo:
- Hija mía, ya vamos a subir. Estábamos conversando sobre Isabel de Aragón.
Lamenté mucho la interrupción, pero, afortunadamente, poco tiempo después, la conversación continuó. En aquella noche de 16 de junio de 1977, fue inaugurado el Centro Espírita María João de Deus con la presencia de la multitud que se daban codazos para abrazar a Chico. El espacio físico no conseguía abrigar a todos y tanto la calle Allan Kardec, cuanto la calle María João de Deus, que se confluían en el portón de entrada del centro, también estaban apiñadas de gente. Son tiempos que pasan, dejando, en su estela, la insistente recordación de momentos que no se apagan de la memoria.
En el próximo día 8 de julio de 2011, se completan 84 años de actividades mediúmnicas de Chico Xavier, iniciadas en 8 de julio de 1927. Dos días después, a 10 de julio de 1927, Isabel de Aragón lo visitó hablándole de la misión de divulgar la Doctrina Espírita en lengua Portuguesa.
Caio Ramacciotti – COMUNICACIÓN / GEEM – Año 44 – nº 192 – Julio a Septiembre de 2011 Grupo Espírita Emmanuel - São Bernardo do Campo - São Paulo Mensaje traducido por el Grupo María de Nazareth de Santiago de Chile
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