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Escrito por Administrador   
Miércoles, 05 de Octubre de 2011 15:17

Tu boca es un canal que obedece ciegamente a tu mente. Si tus ideas fueran negativas, rodarían como pensamientos malhechores en tu habla y hasta corrompería a aquellos que te oyen. Eres responsable por lo que dices a los oídos de tus compañeros. Vela lo que conversas con tus hermanos, presta bien atención a la formación de tus ideas y disciplina tus emociones para que no vengas a caer en tentaciones del mal, que siempre acecha a la colectividad.

Vigila constantemente tus pensamientos y no te olvides de hacer lo mismo con lo que hablas. Deja crecer el amor en tu corazón y alimenta ese principio divino en tu vida, para que tu paz sea duradera. Si aun no tienes conciencia exacta de los valores de tus pensamientos y de las reacciones de ellos sobre los otros, pasa a observar, de ahora en adelante, pues la mejor escuela es la observación personal, sin crítica que puede llevar al desespero.

Tu palabra es una semilla prospera. Donde cae, puede germinar con trazos de tu compromiso y, más tarde, podrá alterar tu conducta y te forzara a responder por ella, cogiendo los frutos que plantaste. Sin embargo, si ella es educada e instructiva, si está moldeada a las enseñanzas de Jesús, es simiente viva y te ayudará a construir tu propia felicidad. Debes celar por tus palabras, pero cuidar también de lo que oyes de los otros.

La influencia dañina puede perturbar nuestra conducta. Si ya abriste las puertas de tu entendimiento en busca del aprendizaje, no pierdas la oportunidad de ser útil a ti mismo, creando condiciones y enalteciendo el Bien en el silencio de tus propios sentimientos. Educarse es analizar la propia vida, seleccionar pensamientos palabras y acciones ante los que nos rodean.

Estar siempre atento a los acontecimientos y sabrás comportarte ante todo, sin menospreciarte. Si tu hermano aparece frente a ti, cargando la cruz con duras pruebas, no te dejes influenciar por la biciación de los errores que carga. Ayúdalo a mejorar su conducta a deshacerse de las ideas desfavorables al bien común. Precaverse, en esos momentos es mantener lo que ya conquistaste en el área del equilibrio y de la paz de conciencia.

Haz tu parte, que Dios nunca Se olvidará de ti. Deslígate del mal y deja la Luz del bien esclarecer tu camino, que, por donde pases, estarás siempre ayudando a aquellos que transiten por allí. Confía en Dios y en ti mismo, que estés seguro de tus propios actos. Acautélate de los impulsos inferiores que, algunas veces, asaltan tu mente, queriendo transformar tu conducta. Revigoriza la fe por la oración y crea el hábito de servir a los otros sin exigencias, para que la caridad, en tus pasos, pase a ser tu propia vigilancia.

Nuestras palabras pueden ser chorros de luz o impulsos de las tinieblas, simientes del Bien o invitaciones para el desequilibrio. Depende de la educación y de la disciplina que ya granjeamos en la escuela de la vida. Estamos siendo llamados todos los días para el auto perfeccionamiento, invitación esta que podrá volver atrás y demorar para volver; y no podremos afirmar que, en su regreso, venia con las misma suavidad de la primera llamada, siendo común acontecer el retorno bajo la forma del dolor. Es guerra interna, recibiendo las bombas de los infortunios y el fuego de las pruebas, para enseñarnos lo que debemos oír y lo que nos compete decir.

João Nunes Maia (Cirugía Moral)

Traducido por M.C.R.