|
Hace algunos años atrás pase por algunas dificultades, tanto en el área financiera como en el campo afectivo. Fue una fase muy difícil de mi vida, pero, analizando a fondo todo lo que estaba pasando y buscando despertar mi conciencia, supe canalizar fuerzas y superar mis dificultades. Por eso, conté con la ayuda de hermanos espirituales que estuvieron a mi lado, no como “cuidadores espirituales”, mas como amigos dispuestos a orientarme y ampararme, sin la intención paternalista de recorrer el camino que solo cabe a mí recorrer. Entre estos espíritus amigos, estaba uno que se presentó como siendo el Sr Tranca-Ruas.
Cierta noche, ya de madrugada, desperté proyectado fuera del cuerpo físico, en el corredor de mi casa, que une la sala con la cocina. Antes que pudiese pensar en hacer cualquier cosa, algo me llamo la atención en el fondo del corredor. Era una forma monstruosa, parecida como aquel fantasma verde de la película Ghostbusters, ¡Los caza fantasmas! El vino volando en mi dirección y me atravesó. Mire para atrás y vi otro monstruo, parecido al primero, que también voló en mi dirección, atravesándome. Pensé, entonces: -¡Dios mío, son espíritus obsesores! Estoy siendo asediado.
Inmediatamente, comencé a rezar el Padre nuestro, pero no conseguí terminar. Aquellos monstruos no paraban de volar, atravesando mi periespíritu, haciendo muecas y provocándome con la intención de asustarme. ¡Y lo estaban consiguiendo! Recomencé a orar otra vez, y nada de conseguir terminar la oración. ¡Entonces, no hay manera! –pensé. ¡Es necesario pedir auxilio a algún ángel guardián!
Inicie mentalmente, una de las oraciones cantadas por Tranca-Ruas. Así que comencé a entonar su punto de evocación, un espíritu de estatura mediana, vistiendo una camisa negra, pañuelo rojo en la cabeza y con una especie de bastón en una de las manos, atravesó la puerta que sale a la terraza para la sala de estar. Entro y, antes de que me dijese cualquier cosa, fui pidiéndole socorro. Dije que estaba siendo asediado por espíritus obsesores monstruosos. El, entonces, con mucha serenidad y confianza me respondió:
-No son espíritus obsesores. Son formas pensamiento. Son creaciones emanadas de tu mente. Todos tus miedos e inseguridades están generando esas formas que te están asustando.
-¿Y qué puedo hacer para acabar con ellas?- Pregunte ansiosamente.
-¡Autoconfianza! Si tú confías mas en ti mismo, en tus potenciales, bastara decir “¡fuera!” y ellas desaparecerán para siempre. ¿Quieres verlo?
En ese momento, el levanto su bastón y golpeo con fuerza, pero sin violencia, en el suelo, e inmediatamente aquellas formas pensamiento desaparecieron. Sentí una fuerza que me arrastro de vuelta al cuerpo físico y desperté (en verdad ya estaba despierto, solo que fuera del cuerpo), volviendo a manifestar mi conciencia en el plano físico denso. Me levante de la cama y fui a beber un vaso de agua, reflexionando en las enseñanzas que aquel espíritu amigo me había pasado.
¡Realmente, cuántos de nosotros somos responsables por las dificultades por las que pasamos! Cuantas veces, debido a nuestra imprudencia, atraemos situaciones que nos causan sufrimiento que podríamos evitar si viviésemos con mayor lucidez espiritual. Cuantas veces generamos pensamientos de miedo, sabiendo que somos incapaces de superar determinada situación, sintiéndonos cada vez más débiles. Y lo que es peor, pasamos a usar drogas o medicamentos con las ansias de acabar con nuestra angustia. Eso cuando no creemos que alguien hace magia negra contra nosotros o que estamos siendo absediados. En la mayoría de las veces, nosotros mismos somos los culpables. Podemos llamar a eso de auto-obsesión. Y cuando determinada idea es constante en nuestra mente (monoideismo) acabamos generando las formas pensamiento.
Las formas pensamiento irán a permanecer en torno a nuestro campo mental “gravitando” a nuestro alrededor, pues nosotros las alimentamos con nuestra energía. Ellas parecen tener vida propia, pero en verdad obedecen automáticamente a determinadas patrones de manifestación, algunos, inclusive, que son parte del inconsciente colectivo. Muchos médiums clarividentes las confunden con espíritus, pero no lo son. En mi caso, basto que yo tomase conciencia de determinados pensamientos negativos que eran comunes, al punto de ser generados inconscientemente, para iniciar el proceso de desintegración de aquellas formas pensamiento. El proceso de autoconocimiento es eterno. Trabajamos siempre en él para que podamos libertarnos de las cadenas de sufrimiento en que vivimos, el sansara, como dice la sabiduría oriental. ¡Conócete a ti mismo! ¡Es la lección libertadora!
Revista Cristã de Espiritismo Traducido por Jacob
|