|
Karma: del sánscrito Karma, que significa, simplemente, “Acción”
¿Sabemos lo que es el Karma? Por qué, parece que Karma se ha convertido en una explicación para todo problema, toda situación triste o infeliz en la vida de las personas. ¿Pero quién es ese tal Karma? ¿De dónde viene?
Inicialmente, es importante entender, que no debemos coger de más el concepto de karma. Esa es una posición de la filosofía oriental que tiene aproximaciones con la Ley de Causa y Efecto presentada por el Espiritismo, pero hay distinciones en relación al entendimiento de eso en la práctica. Cuando se usa el término karma, en el entender de muchos, hay una connotación de fatalidad, en cuanto que la Doctrina enfatiza la posibilidad de minimizar o hasta eliminar las ocurrencias del sufrimiento, mediante una acción positiva en el bien.
Karma, mis hermanos, al revés de ser un castigo como muchos piensan, es sinónimo de reequilibrio. Y la vida material es la maravillosa e insubstituible escuela que posibilita que aprendamos y tomemos conciencia de nuestras actitudes erradas en esta y en vidas pretéritas.
¿Pero cómo es que el Karma aparece? ¿De la nada? ¿Es un pase de magia? ¡No! El principio del Libre Albedrio da al hombre el derecho de escoger sus caminos, de ser el autor de su historia, o constructor de su destino. Entre tanto, el Principio de causa y efecto, plantación y cosecha, vuelve al hombre rehén de sus actos, de sus decisiones. Nosotros construimos nuestro karma, en el ejercicio de nuestro libre albedrio, en la decisión de nuestras opciones. ¿Y optar, no es lo que siempre estamos haciendo? ¿Ayudo o perjudico? ¿Cuido de mi salud o me vicio en las drogas? ¿Soy amigo o enemigo? ¿Hago la paz o estoy creando intrigas? ¿Elogio o critico? ¿Trabajo o quedo ocioso? ¿Construyo o destruyo? ¡Son nuestras decisiones! ¡Nuestras decisiones!
Nosotros, mis queridos hermanos, somos los únicos responsables por la decisión de escoger nuestro camino. ¡El problema, es que, después de escoger, tenemos que andar por el camino escogido! Útil, no es necesariamente aquel que cuando está en la erraticidad, solicita reencarnar como un deficiente, para purgar actitudes equivocadas. Mucho más importante es aquel que busca, cuando está encarnado, adquirir condiciones para, en la próxima vez, reencarnar prefecto para auxiliar, constructivamente, a sus hermanos.
La explicación, muchas veces, por cuenta de una visión distorsionada, son como castigo divino. Pero, nosotros, espiritas, sabemos y debemos demostrar por el ejemplo, que las deformidades físicas no están castigando, mas eliminando las deformidades periespirituales, que acusamos anteriormente.
¿Podemos atenuar, o eliminar, las situaciones karmicas? Si, por actos de amor. Cabe a nosotros demostrar “que el amor cubre una multitud de pecados”. Las personas cuando enfrentan una situación difícil, sea física, financiera o psicológica y que no saben, no consiguen, no desean modificarla, enfrenándola, acostumbran a decir: -No puedo cambiar. Es mi karma. ¡Yo soy así! ¡Es la anestesia de la conciencia! ¡Es el famoso complejo de Gabriela! ¿Saben aquella música? Yo nací así, yo crecí así, yo viví así… ¡Y con eso, intenta olvidar que su obligación es cambiar! ¡Es progresar!
Dentro de esta verdad divina, no existe el perdón de Dios, pues recibimos según lo que obramos, o sea, según lo que hicimos. ¡Dios no nos creo para castigarnos! Dios es amor… y el Karma no es punición Divina: es consecuencia rectificadora. Considerando que la Ley de Causa y Efecto, es una Ley Divina, y que las Leyes Divinas fueron escritas por Dios, se concluye que:” En la naturaleza no hay premios o castigos. ¡Hay consecuencias!”
La falsa noción de karma inflexible, nos conduce a dos grandes errores. Uno es que el Espiritismo, pliega o endosa la necesidad del dolor, esto no es verdad. ¡El dolor solo sería una necesidad, si el Espiritismo predicase que todos deberíamos ser un grupo de masoquistas! Lo que la Doctrina de los Espíritus demuestra con claridad, es la utilidad del dolor, cuando persistimos en el egoísmo, en el orgullo, en la vanidad y demás defectos lesivos a la comunión de solidaridad con los semejantes.
El dolor no es una creación divina. ¡El dolor es creación de quien sufre! El otro error es la creencia de que la Doctrina Espirita, aconseja el conformismo delante de la “mala suerte”; esto también no es correcto; lo que ella enseña es la resignación, actitud bastante diferente, adecuada para nosotros aceptar sin desespero aquello que no podemos cambiar.
Comprendamos, el karma como especie de cuenta corriente de las acciones que practicamos en el Banco de este mundo, donde desde hace siglos caminamos endeudados, registrados en el SPC *de la vida, por la constante emisión de cheques sin los necesarios fondos de bondad, caridad, amor, etc.…
¡Rescatemos nuestro débito, limpiemos nuestro nombre en el SPC, emitiendo cheques con la debida previsión de fondos y eso es posible, a través de la prestación de servicios de caridad al prójimo, y estaremos convencidos de que, de esa forma, tanto economizaremos lágrimas, como conquistaremos un buen saldo de felicidad!
“Aquel que mucho amo fue perdonado, no aquel que mucho sufrió” El amor es lo que cubre, esto es, rescata a multitud de pecados, no el castigo o la punición” Transformar acciones, amando, es alterar nuestro karma para mejor, atrayendo personas y situaciones de harmonía con la gente. ¡Es, en última instancia, nuestra indispensable e indelegable reforma intima! ¡Nosotros decidimos, nosotros plantamos y nosotros recogemos!
Nuestra vida es simplemente el reflejo de nuestras acciones. Si queremos más amor en el mundo, creamos mas amor en nuestro corazón. Si queremos más tolerancia de las personas, seamos mas tolerantes. Si queremos más alegría en el mundo, seamos más alegres.
¡¡Nuestra vida no es una sucesión de coincidencias, de acasos, nuestra vida es la simple consecuencia de nosotros mismos!! “
*SPC -Servicio de protección al crédito. Brasil”
Escrito por Agnaldo Cardoso
Extraído de la Revista Cristã de Espiritismo Traducido por Jacob
|