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Freud, el gran investigador de la mente humana, ya dedujo la misma cosa al afirmar: “El problema de la ansiedad es un punto de unión, uniendo todas las clases de cuestiones más importantes; un enigma, cuya solución debe inundar de luz toda nuestra vida mental".
En nuestro ineluctable enfrentamiento con lo incomodo de la ansiedad, pues ella es inherente a la vida, esta la raíz de nuestros problemas. Frecuentemente adoptamos actitudes disfuncionales, como intentar esconder la ansiedad o negarla, moverla de objeto y otros mecanismos de defensa. No es raro, ella es la causa oculta de los trastornos alimentarios, de las dependencias químicas, de las actitudes auto-sabotaje, como también es responsable de la búsqueda de alivio en actividades como el juego patológico, comprar compulsivamente, sexo compulsivo y hasta el trabajo excesivo que es la fuga más bien aceptada socialmente. De esta forma, nos acostumbramos siempre a ver la ansiedad como una cosa negativa, un error evolucionario.
Entre tanto, la ansiedad es imprescindible a nuestra sobrevivencia y crecimiento, siendo responsable por las grandes conquistas de la civilización humana. Así, tenemos dos caras de la ansiedad que son naturales y legitimas, como la ansiedad natural y la ansiedad existencial, esta ligada a la conciencia de nuestra propia mortalidad y a los cuestionamientos filosóficos y religiosos que hacemos con relación a la razón y propósito de la vida.
La otra cara, por veces distorsionada y hediendo, es la de la ansiedad patológica o neurótica, pues generadora de sufrimientos físicos y mentales. La ansiedad natural se origina en nuestra conciencia por ser seres vulnerables en un mundo potencialmente amenazador a nuestra integridad y bien estar. Ella es adecuada y proporcional a la situación que enfrentamos, y desaparece luego el objeto o situación que la motivo siendo reconocido y tratado.
En la vida pos-moderna, es muy fácil la transformación de la ansiedad natural en neurótica o patológica. La dura realidad que enfrentamos implica en un estrés que las veces no es posible soportar. Enfrentamos la tensión de ganar la vida en un contexto extremadamente competitivo, dentro de una economía globalizada, en un cambio constante tecnológico y en sus reglas y parámetros. Criamos nuestros hijos en una sociedad exigente, regida por valores consumistas e individualistas, que tienden a separar a las familias.
La ansiedad neurótica nos provoca un estado generalizado de alerta, en que actuamos desproporcionalmente la percepción de una amenaza real o imaginaria a nuestro bien estar. Sus formas más blandas, lo que damos el nombre de estrés, tensión y preocupación, nos causan irritabilidad, agitación y mal estar físico. Establecida crónicamente, lleva a una híper-activación del sistema nervioso que acostumbra a provocar estados de agotamiento y depresión. En casos más grabes provoca síntomas físicos agudos y ataques de pánico, cuando la persona en intenso sufrimiento, tiene la sensación de que va a morir o estar loca.
La ansiedad existencial o espiritual es poco hablada, pero no es menos real. No es raro, que sea ignorada y barrida para debajo de la alfombra, transformándose en formas grabes de ansiedad patológica. Esta cara más sutil y profunda de la ansiedad estimula al ser humano a adentrarse más decisivamente al terreno de la filosofía, de la ética y de la religión.
Escrito por Dr. Luiz Antonio de Paiva.
Miedos, fobias y pánico.
Página: 264
¿De qué tiene miedo? ¿Miedo de vivir? ¿Miedo de morir? ¿Miedo de enfermedades? ¿De la oscuridad, del agua, de las alturas, de los insectos, de los animales, de pérdidas materiales, de perder a personas queridas? ¿Miedo de que el mundo se acabe? ¿Miedo del futuro, hipocondría, claustrofobia, soledad, miedo de soñar, miedo de dormir, síndrome del pánico, fobias? ¿Miedo de ser usted mismo?
Aceptar, entender, confrontar los miedos son forma de autoconocimiento; el miedo, entonces, no va solo, a menos que comprendamos porque conservamos determinadas actitudes. Entre tanto, es importante entender que los miedos son parte de nuestra naturaleza. Son mecanismos que preservan la vida. No existe, no tener miedo de nada, siempre habrá cierta aprensión, una cuestión de tener cuidado y observar mejor. De hecho, si alguien no tuviese miedo de algo, con certeza seria un suicida en potencia. El miedo de morir, de no acertar, de aquello que no conocemos o no entendemos es extremadamente común y saludable.
El miedo nos impone un sentido de alerta, como diciendo:
-¡Cuidado! -¡Ve con calma! -¡Presta atención! -¡Pondera!
Autora: Lourdes Possatto del libro “Miedos, fobias y pánico”
Extraído de la “Revista Cristã de Espiritismo” Traducido por Jacob
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