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Por ser inestables y fluctuantes nuestros pensamientos, necesitamos saber fijarlos, mantenerlos bajo al acción de nuestro voluntad y direccionarla para el bien. La disciplina mental es un ejercicio bien saludable y que exige de nosotros concentración y determinación. El hábito de esta práctica nos hará crecer en Espíritu y Verdad. De esa forma, se vuelve posible una fácil comunicación no solo de encarnado para encarnado, mas también con los habitantes del Espacio que entran en sintonía con nosotros e influye por medio de ondas vibratorias, encontrando en nosotros un campo abierto para la permuta de ideas.
Somos regidos por leyes universales, estamos imantados unos a otros por cuestiones de afinidades y vivimos sumergidos en un único y Eterno pensamiento que es Dios. Debemos por eso, concretizar de que somos mucho más que un organismo temporal, que somos un Ser Real que está destinado a la perfección.
Necesitamos estudiarnos profundamente para que podamos atravesar la niebla que oculta los secretos de nuestra naturaleza. Eso ya nos enseñaba Sócrates hace quinientos años antes de Cristo en la célebre frase: “Conócete a ti mismo” Auto conocimiento se hace necesario en estos momentos turbulentos en que vivimos, pues nos dará base para enfrentarnos a cualquier tipo de crisis.
Una de las propuestas de la Doctrina Espirita es la reforma íntima a través de una moralización del ser. Cada criatura para avanzar en la escala evolutiva deberá ser portadora de cualidades morales que solo son adquiridas por medio del estudio y de la vivencia de los enseñamientos de Cristo, o sea, a través del amor, de la caridad, del perdón…
La vida tiene una finalidad clara y positiva, que es la evolución. Iniciemos desde ya nuestra reforma, mudando nuestra postura mental. Recordemos la importancia del pensamiento en nuestra vida, porque todo lo que realizamos se inicia en el pensamiento, es el lenguaje universal. Hagamos la parte que nos cabe en la construcción de un mundo mejor, estaremos atentos y sintonizados con la Luz.
En el dormir y el despertar de cada día, hagamos en nuestra mente la imagen excelsa y redentora de nuestro Maestro Jesús.
¡Gracias a Dios!
Por Carlo Augusto Sobrinho
Extraído de la revista “ Jornal Correio Espírita” Traducido por Jacob
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