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¿Como el espiritismo pude auxiliar en la prevención y la recuperación del viciado en tóxicos?.
Las consecuencias espirituales del uso de las drogas.
El vicio de las drogas se caracteriza por el impulso prácticamente incontrolable del viciado procurando satisfacción en ilusorio placer que los mismos puedan proporcionarle. La búsqueda de la droga evidencia la esclavitud en que se encuentra el viciado, que busca por medio de ella manifestar su independencia en relación a sus semejantes, o a una situación que aparentemente disminuye su posición en la familia o en la sociedad, y dirige su agresividad, procurando evidenciar un sentimiento de superioridad.
La inducción a las toxicomanías transcurre, casi siempre, de la influencia o de la convivencia con viciados, que pueden despertar, inicialmente la curiosidad de las personas para su uso, llegando así, a las primeras experiencias, aparentemente inofensivas y que pueden proporcionarles un estado de euforia, de ilusoria disposición y coraje para enfrentar situaciones en la vida,pero que exigen la continuidad de su consumo. Los principales efectos de esas sustancias en el organismo están subordinados al área neuropsíquica, afectando su propio juicio. Es donde van surgiendo lagunas progresivamente crecientes, que se pueden caracterizar por falta de respeto a los valores humanos, llevando a la persona a volverse un ser anti social, caso siempre llevándolo a perder el respeto por sus semejantes. Para satisfacer sus necesidades, puede realizar asaltos, robos, secuestros, o llegar hasta el homicidio. ¡Todo por la droga! Son vicios que no tienen edad, sexo, raza, profesión, o situación social, envolviendo, paralelamente, innúmeras personas que se encuadran como traficantes y pasadores de la droga, poniendo en riesgo la seguridad y la tranquilidad de la sociedad. Por tanto, las drogas pueden ser consideradas como de los peores flagelos de que la humanidad tiene noticia. Afecta al hombre ya en la vida uterina, generando deformaciones por la vía hereditaria, cuando padres ya son viciados. Ya en la vida física, han atacado al hombre en tierna edad, bajo los más diversos aspectos. Penetra, como decimos, todos los segmentos de la sociedad, en todos los países del mundo, minándolos hasta el punto de dominar gobiernos, líderes religiosos, educadores, etc.
Los vicios están alterando el curso de la historia de la criatura humana y la violencia ha derivado para las conquistas fáciles y el muelle de eso es la práctica de los vicios. Más allá de los casos de sobredosis, anualmente millares desencarnan en accidentes de tránsito, provocados por el consumo de drogas o alcohol. Muchos son los que contraen enfermedades contagiosas, por la práctica insegura del sexo desequilibrado, aprisionados por los efectos infelices del alcohol y de las drogas. Por faltas al trabajo, la producción y la calidad, estiman los estudiosos que se pierden anualmente 25 billones de dólares en productividad. Son números arrasadores, espantosos, dramáticos y parece que las autoridades y la propia sociedad comienzan a considerarlos irreversibles. La publicación titulada “El mosaico de la droga”, de responsabilidad de la UNESCO, declara que en ciertos países parece diluirse la preocupación que el problema de la droga suscitaba hace cerca de una década. Hay una tentativa de “desdramatizar” la cuestión. Nítida postura de cruzar de brazos, por tanto. En algunos países, como en Holanda, el uso de la marihuana se torna legal.
El espiritismo y los tóxicos.
El viciado en drogas se asemeja a una embarcación en que, por imprudencia, se pone a navegar en las corrientes fuertes de un caudaloso rio, sin darse cuenta el mismo desafiando las aguas que mas a delante irá a desembocar en una gigantesca catarata. El espiritismo no propone soluciones específicas, buscando regular cada actitud o dictar normas de comportamiento humano. Prefiere acatar, en toda su amplitud, los dispositivos de las Leyes Divinas que aseguran a todos el derecho de escoger y la responsabilidad consecuente por lo que hicieron. Prefiere la actitud de Cristo, que condena el pecado, mas ofrece su ternura y comprensión al pecador, procurando mostrarle lo que necesita hacer para librarse del error, construyendo oportunidades de acierto.
En vez de condenar la civilización por nuestros equívocos, los espíritus enseñaron a Kardec que “condenásemos antes lo que de ellos abusan y no la obra de Dios” (El libro de los espíritus, cuestión 790). Más adelante, en la pregunta 793, documentaron el entendimiento de ellos acerca de las correcciones necesarias, al informar que reconoceríamos una civilización completa “por el desarrollo moral”. Y prosigue: “Creéis que estáis muy adelantados porque habéis hecho grandes descubrimientos y obtenido maravillosos invenciones; porque os alojáis y vestís mejor de lo que visten los salvajes. Todavía, no tenéis verdaderamente el derecho de deciros civilizados, sino cuando vuestra sociedad haya desterrado los vicios que la deshonran y pudiereis vivir entre vosotros, como hermanos, practicando la caridad cristiana. Hasta entonces, series apenas pueblos esclarecidos, no habiendo transcurrido sino la primera fase de la civilización” La civilización en si no es un mal y ni puede serlo, pero está siendo afectada y contaminada por males humanos, por turbulencia en el comportamiento de los propios seres que la desenvuelven.
La receta que la doctrina espirita prescribe para los males de la civilización puede hasta parecer obvia y simple, pero lo cuestión es que la verdad es simple y obvia, aunque ni siempre atinemos rápidamente con ella. Se resume tales prescripciones en la práctica de la caridad y del entendimiento, en convivencia fraterna, inteligencia que disipe los temores, no identificados algunos y conocidos otros, que mantenga una parte considerable de la humanidad en permanente régimen de estrés y de angustia. Es ese el diagnostico de la ciencia. O sea, especialistas que proponen mecanismos sociales de mutuo apoyo y entendimiento para exorcizar el fantasma aterrador del miedo generalizado, de lo cual los más desesperados huyen precipitadamente, cayendo en abismos tenebrosos, empujados por las drogas alienantes.
Crece asustadoramente la masa de desesperados, criaturas sin raíces, vagando sin rumbo y sin destino, arrastrados por circunstancias que no saben cómo superar porque no se empeñan en entender la realidad de la propia vida. No saben, tales personas, que son seres espirituales inmortales, programados para la felicidad. Piensan que son apenas un cuerpo físico presionado por necesidades a ser satisfechas, por temores de que es preciso escapar, por angustias que han de ser sofocadas, cuando temores y angustias son consecuencia y no causa de la visión deformada de la realidad. Muchos de los que nacen en hogares desajustados recorren a estupefacientes, pero ¿Quién está reflexionando ahí, de investigar las verdaderas causas de los desajustes y qué hacer para promover actitudes y medidas de auxilio? Parten para el uso de las drogas muchos que sufren de carencia afectiva, cierto. ¿Pero que desencadena en esas criaturas el doloroso proceso de carencia? ¿No sería porque el afecto que hoy les falta a ellos mismos, se negaron donarlos en otros tiempos? Buscan la alienación de la droga los que perdieron la dirección de Dios. Ni saben que pertenecen a una comunidad de seres inmortales ligados por vínculos indestructibles y destinados a la felicidad en algún punto en la intersección espacio/tiempo. El problema aflictivo de la droga, no es, por tanto, básicamente, un caso de la policía. Es un problema espiritual, disturbio emocional del ser humano en contra de las leyes Divinas. Esto no quiere decir que debemos condenar aquel que recorre a la droga porque rechaza la realidad. El precisa de comprensión y de esclarecimiento. Precisa descubrir su propia realidad espiritual, su condición de ser preexistente, sobreviviente e inmortal, a camino de la perfección, por mas distante que este se coloque ahuyentada por los desaciertos.
Comprensión y maduración.
“El hombre no pasa súbitamente de la infancia a la madurez”- dijeron los espíritus a Kardec. Para que maduren, los inmaduros que recorren al proceso de fuga proporcionado por las drogas, precisan antes de amor que, en su dinámica, se convierte en caridad. Envueltos por su turbulencia íntima, el dependiente de la droga no está preparado para ser orientado y rechazara sumamente cualquier tentativa de predicación con la cual sea abordado. No rechazara, sin embargo, el enfoque del amor fraterno, que es, precisamente, el componente por el cual más ansia, en la tormentosa aflicción y soledad en que se encuentra. Las multitudes que se despiden a cada instante de la vida física y retornan al mundo invisible, continúan vivas, pensantes y actuantes, arrastrando problemas que no consiguieron solucionar aquí, en que, lamentablemente, conseguirán casi siempre agravar. Esta multitud desencarnada también ejerce sus presiones sobre el que se encuentra en la carne por más tiempo. Hemos encontrado espíritus que nos hablan de sus maniobras para llevar seres encarnados a las drogas, a fin de poder disfrutar una cuota de alienación, pues ellos también están tentando aflictivamente, huir de la realidad que le es penosa de mas, para sus estructuras desarticuladas.
El problema de las drogas ofrece pues, en el enfoque espiritual doctrinario del espiritismo, aspectos inusitados, sorprendentes y desconocidos de muchos. El drogado pues, es un enfermo espiritual, cargado de problemas kármicos y que se deja arrastrar por la corriente de la vida en la ilusión de que está siendo llevado lejos de la realidad que lo asusta y aflige. En verdad, sin embargo, para donde fuera, aquí o en el mundo ultradimensional en que irá a continuar a vivir en la condición de espíritu, estará siempre ligado a la realidad desagradable, que no es exterior y si interior, con raíces profundamente sumergidas en el suelo íntimo del pasado. Solamente a través del amor podrá él ser instruido acerca de esa realidad, a fin de que, entendiendo, esté preparado para aceptarla y vencer los obstáculos que están bloqueando su camino rumbo a la felicidad que a todos tenemos derecho inalienable. Entendimiento y amor fraterno es lo que nos recomendó el Espíritu de la Verdad, con extraordinario impacto y poder de síntesis, en una frase que se torno antológica. –“¡Espiritas! Amaros, este el primer enseñamiento; instruiros, este el segundo”- El recomendó.
Consecuencias Espirituales.
Espiritualmente, los vicios acarrean vinculación periespiritual, cuyas consecuencias se proyectan en la vida espiritual futura, después que el alma se desprende del cuerpo físico, con el agravante de poder ser responsable por dolencias kármicas en reencarnaciones venideras. Es oportuno recordar aun, que muchos viciados son personas dotadas de mediumnidad, sufriendo la actuación de entidades espirituales que se sintonizan con sus pensamientos y se complacen en hacer con que se mantengan en el vicio y dificultan su recuperación, indicando la necesidad de un tratamiento espiritual que debe ser hecho paralelamente al tratamiento medico. Más allá de la modalidad de tratamiento, otros recursos son utilizados, como el pase magnético, el agua fluidificada y la desobsesión, siempre que sea necesaria.
Los vicios evidencian la degradación de los seres humanos comprometidos, perjudicando familias, agrediendo a la sociedad y a la dignidad humana. Como están vinculados al alma, constituyen un atraso espiritual de las criaturas que se mantienen presas a una situación que mácula su propia condición humana. La Psicología revela que la consciencia es el sustrato secreto del alma que juzga los actos de cada uno. Aunque presente en todas las personas, se mantiene apagada entre los viciados, que se encuentran bajo el dominio de acciones instintivas que se agigantan, conduciendo innúmeras criaturas a la degradación de su personalidad, destruyendo hogares y traumatizando la sociedad. Según Allan Kardec, en el libro “El cielo y en infierno”, el ser humano es independiente, actuando a través de la voluntad y del libre albedrio, para practicar el bien o el mal, indicando que “El Espíritu debe progresar por impulso de la propia voluntad, nunca por cualquier sujeción. El bien o el mal son practicados en función del libre albedrio y, consecuentemente, sin que el Espíritu sea fatalmente impelido para uno u otro” Lo que vale decir que, para preservarse de los vicios, la persona debe fortalecer los recursos del alma, con pensamientos positivos y disposición para dar su vida una connotación condecente con su aspiración más noble.
Al desencarnar, el periespíritu mantiene integralmente las mismas sensaciones experimentadas en la jornada terrena. Encuentra en el mundo espiritual innúmeros espíritus, invariablemente similares, en tendencias, gustos, grados de evolución. Con ellos convivirá. El toxicómano, en particular, convivirá con desencarnados viciados. Vera que su periespíritu (igual a su cuerpo físico), está agotado, desorientado, oliendo mal, repleto de nauseas y males, hambre, frio, dolor… Desgraciadamente, tendrá consciencia de esos tormentos, de manera plena y permanente: no duerme, no desmaya… Esta vagando por regiones grises sin agua, sin sol. Estará sufriendo durante el tiempo en que permanezca endurecido en el vicio. A la menor señal de arrepentimiento sincero, al primer pensamiento de orar a Dios, significando el deseo de corregirse, recomenzar un nuevo camino y un nuevo día de recto proceder, la ayuda divina se presentara de inmediato, en la forma de espíritus dedicados a las tareas de ayuda. El dolor es la maestra mayor y último recurso natural para reconducir al hombre al camino del Bien.
El viciado, al desencarnar, percibiendo que ahora todo está más difícil, pues allá de no poder satisfacer el ansia de la droga, aun está enfermo, débil, hambriento, etc., más que nunca, deseará las drogas. Carente y sin ninguna protección, estará a merced de las legiones de malhechores espirituales. Sera si, admitido en esas legiones, pero como elemento esclavo, despreciable e inferior… Aprenderá rápido, que solo en el plano material podrá dar paso al vicio. Cual vampiro, pocas veces solo, casi siempre en bandas, irá a los hogares de los toxicómanos encarnados, adhiriéndose a los mismos, mente a mente, induciéndolos al consumo de las drogas, en el caso que ya no lo estén haciendo. Sin ninguna reserva moral, en trueque de alguna satisfacción de vicio, será sometido a una seria de perversidades. Con el tiempo, podrá, por el libre albedrio, tomar dos actitudes:
a) Arrepentirse del mal practicado, del no respeto a las leyes naturales, anhelando mejorar su vida. El nivel de sinceridad de ese arrepentimiento determinara la ayuda que vendrá en su socorro.
b) Sublevarse aun más y volverse deseoso de venganza contra sus verdugos. El deseo de venganza le dará fuerzas para desencadenar una hilera de maldades. Su poder, ampliado, alcanzara un punto en que la Justicia Divina considera como saturación, dando un, basta: forzosamente retornara a la carne. Solo que en tristes condiciones… ¡No podría ser diferente! El dolor físico y moral, en un cuerpo deformado y sin defensa orgánicas, será constante en su vida, como inigualable recurso educador.
Superando el vicio.
La superación de los vicios implica la colaboración de la sociedad, a través de formación de buenos hábitos de vida de la juventud, que está particularmente expuesta a los mismos. Son acciones que deben envolver a las familias, asociaciones deportivas y culturales, las instituciones religiosas y, particularmente, las escuelas, basadas en la educación integral, mostrando a los jóvenes que ellos son seres humanos, son almas vivientes, responsables ante la Creación, y que pueden superar las tendencias que las llevan a las ilusorias facilidades en la vida. La educación es una fuerza poderosa, que, vivificada por el ejemplo, por el interés y por el esclarecimiento en el momento oportuno, puede contribuir para formar criaturas responsables, dedicadas al trabajo y a la solidaridad que deben envolver a las atribuciones de la vida. Considerando que los vicios están relacionados a los disturbios del alma, no se puede esperar que los mismos sean sanados en un corto periodo de tiempo. La educación espiritual va de encuentro a las necesidades de esclarecimiento del alma, mostrándole su naturaleza y sus posibilidades de ascender a planos más elevados de esclarecimiento, alcanzando su liberación, de manera a que se mantenga sometida por la condición de sobrevivencia humana. La educación espiritual mira promover el crecimiento interior del ser humano, que asume nueva dimensión de vivencia, al vencer ese escalón de su evolución espiritual, tornándose capaz de dirigir sus propios actos y alcanzar planos más elevados de desarrollo.
Tratamiento espiritual.
Para el tratamiento de los males consecuente del uso de las drogas, la Medicina dispone de admirables recursos importantes para controlarlos, prácticamente en todos las esquinas de la Tierra, aunque ese trabajo no dependa apenas de las acciones medicas, requiriendo de la sociedad mucha dedicación, respeto y amor. Abordando ese problema, Andre Luiz, en el libro “En el mundo mayor”, afirma: “La medicina inventara mil modos de auxiliar al cuerpo y entender en su equilibrio interno; por esa tarea edificante, ella nos merecerá siempre sincera admiración y amor, entre tanto, cumple a nosotros practicar la medicina del alma, que ampara el espíritu enredado en las sombras”… Y continua en el tercer parágrafo: “Es menester ascender, alrededor de nuestros hermanos encarnados en la tierra, a la luz de la compasión fraterna, trazando caminos a la responsabilidad individual. Haya más amor ante los valles de la demencia del instinto y a los derrocados cederán lugar a experiencias santificantes”.
El tratamiento médico se basa fundamentalmente en la asistencia médica y psiquiátrica. Paralelamente, debe ser hecho el tratamiento espiritual aplicado en los centros espiritas, como la fluidoterapia y de más recursos, tanto en la prevención, como en el tratamiento de las dolencias del alma. Hay muchas personas que buscan el tratamiento espiritual y esperan obtener la cura inmediata, como en un abrir y cerrar de ojos, como si fuese un pase mágico, que las hiciese volver a la normalidad. En general, la cura espiritual requiere profundidad de propósito y continuidad de acción, que llevan a la transformación intima de la persona delante del problema que esta enfrentando. Esa transformación, también llamada de Reforma Intima, es un proceso que resulta de la educación del alma y requiere la completa adhesión del enfermo al tratamiento instituido. Es la educación que se realiza como la libertad de culto y con responsabilidad de propósitos, de acuerdo con el concepto según el cual Jesús no está enclaustrado entre las paredes de un templo, mas alcanza la inmensidad del Universo, como Cristo Cósmico y está presente entre las personas de buena voluntad que pautan sus propias vidas según la Ley del amor a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a si mismo.
En el valle de los drogadictos.
Relato de una proyección astral por Víctor Rebelo.
Cierta noche, ya de madrugada, percibí que estaba proyectado fuera del cuerpo en un pantano oscuro y tenebroso. No sé cómo fui para allá, mas con certeza fui llevado por los amparadores espirituales, pues participe de un trabajo de asistencia extrafísica. Lo que más me sorprendió no fue el lugar, fueron los espíritus que encontré allí. Conforme caminaba, ahí pasando por varios jóvenes desencarnados caídos en aquel suelo inmundo. Escuchaba gemidos y una energía de miedo y dolor vibraba en el ambiente. Muchos espíritus se arrastraban a mis piernas, otros estaban completamente aturdidos, indiferentes a mi presencia. Ande un poco por aquella multitud de infelices. Todos parecían aun estar bajo el efecto de las drogas, completamente absorbidos en su vitalidad, sin fuerzas para levantarse. En determinado momento, sentí la necesidad de sentarme en el suelo, sin saber el motivo. Luego que hice eso, una joven aparentando unos 19 años, rubia, se aproximo a mí muy amedrentada. No sabía dónde estaba ni lo que estaba pasando. Se sentó a mi lado y me abrazó, en el ansia de protegerse de todo aquello. No sé cuánto tiempo ella estuvo abrazada a mí. La verdad, la percepción del tiempo varía de acuerdo con el plano en que nos manifestamos. Solo sé que me fui sintiendo cada vez más débil, hasta perder la conciencia y despertar en el cuerpo físico.
Lo que sucedió es fácil de entender. Fui llevado por los amparadores a una región del umbral donde muchos espíritus que desencarnaron debido al uso de las drogas estaban reunidos, de acuerdo con la ley de afinidad. Muchos espíritus aun están bajo los efectos de las drogas debido a la ligación energética que tienen con sus cuerpos y con la energía de determinada droga. Sus mentes están cristalizadas en el vicio, haciendo con que estén por tiempo indeterminado en aquellas regiones. Pero algunos, debido al propio karma o a una voluntad sincera, se encuentran en condiciones de salir de esos lugares y buscar apoyo en los hospitales extrafísico. Era el caso de aquella joven. Es bien probable que ella hubiese desencarnado por sobredosis recientemente y por eso, su cuerpo astral estaba muy denso. Como se encontraba débil, solamente alguien encarnado, temporalmente apartado del cuerpo podría donar energía vital más densa, para que ella pudiese ser tratada posteriormente por los amparadores, que debido al plano de manifestación, irradian energías más sutiles. Es claro que ni todos los espíritus que desencarnan bajo el vicio de las drogas se dirigen a este valle. Cada caso es un caso. Todo es una cuestión de afinidad.
Magaly Sonia Gonsales y Victor Rebelo
Este artículo fue publicado en la Revista Revista Cristã de Espiritismo, edición 32. Al usar el texto, por favor, citar el autor y la fuente. Traducido por Jacob.
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