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A mi querido hermano en creencias Doctor Eduardo de los Reyes
¿Por qué misterio extraño, cuando un amor profundo nos presta nueva vida que inflama el corazón por recompensa hayamos en este pobre mundo, afecto compasivo o amarga decepción?.
¿Por qué en constante lucha miramos en la tierra la helada indiferencia y el amoroso afán?. ¿Por qué siempre sostienen encarnizada guerra afectos posteriores con otros que se van?. Y cuando por ventura dos almas se adivinan y logran confundirse formando un solo ser, y locos, delirantes, frenéticos caminan libando en su delirio la copa del placer.
¿Por qué la muerte airada destruye con premura la vida de uno de ellos con rapidez fatal?. ¿Por qué serán tan breves las horas de ventura?. ¿Por qué es el infortunio, la herencia del mortal?. ¡Que triste es la existencia!.
Si no hubiera otra vida seria Dios inclemente formando nuestro ser, para tan solo darnos dolores sin medida; te fuera grato entonces el vernos padecer. Creer esto es un absurdo; si Dios nos ha creado no puede habernos dado completa destrucción la nada es imposible nos pueda haber formado; vivimos…
Dios existe; no hay otra deducción. Puesto que Dios existe, se ve lógicamente que tras la hueca tumba se extiende el porvenir; si el hombre es obra suya, es claro y evidente que tiene otra existencia donde podrá vivir. El ser Omnipotente, artista sobrehumano que dio perfume al lirio, y peces a la mar; estando el universo trazado por su mano…, su fabrica grandiosa, El mismo ha de admirar.
Pues vemos los pintores que miran extasiados las bíblicas figuras que copia su pincel, y el escultor que adora los mármoles helados por que les presta aliento su mágico cincel. Si el hombre (ser pequeño) le rinde a sus creaciones, tan tierna, tan profunda, tan dulce admiración… aquel que le da vida a nuestras sensaciones y que es todo grandeza, y todo perfección. ¿Seria inferior al hombre?, ¿tendria un placer profundo en ver que no rendía la fuerza del dolor?.
Este monstruoso efecto nos negaría que el mundo es la obra gigantesca que Dios hizo en su amor. Y entonces nuestra mente confusa y aturdida, sin brújula, sin faro, sin leyes que seguir, hallando insoportable la carga de la vida, buscaránse en la muerte un termino al sufrir. Y llegaría un momento que el mundo desquiciado estando carcomido su inmenso pedestal, en un caos insondable se hubiera transformado reinando en todo el orbe… silencio sepulcral.
¡Ah!..., no; esto es imposible de Dios la vida emana, la humanidad le debe su ciencia y su poder; irremisiblemente retemos un mañana mas grande, mas sublime que nuestro triste ayer. Perdiendo esta esperanza, la vida es un desierto donde tan solo abrojos encuentra el corazón; el mas allá nos brinda el anhelado puerto donde el mortal alcanza eterna progresión.
El evangelio encierra la sabia de la vida; sin él incertidumbre, sin él la oscuridad, con él hay esperanza, esencia bendecía; sin él todo es mentira, con él todo es verdad. Sin él pierde de su objeto la dolorosa historia del generoso mártir que sucumbió en la cruz, sin él se va la nada, con él se va la gloria sin él reinan las sombras, con él brilla la luz.
En él, querido hermano, hallamos esa fuente que dio al espiritismo su inmenso manantial, ¡el Código divino del Ser Omnipotente!. Sus paginas encierran el bien universal. ¡Bendito el evangelio!; ¡bendito siempre sea!. ¡Historia de los tiempos!, ¡poema del dolor!. ¡Feliz tu que conoces lo grande de su idea!.
¡Feliz tu si comprendes que claridad es amor!.
1876
Amalia Domingo Soler Extraído del libro "Ramos de Violetas"
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