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Un año menos y un paso mas PDF Imprimir E-mail
Amalia Domingo Soler
Escrito por Administrador   
Sábado, 03 de Septiembre de 2011 16:29

A mi querido hermano en creencias, Jerónimo Melero

I

Hermano mío: Cuando yo no era espiritista, cuando cru­zaba el mundo poniendo en práctica la teoría de Volney, que se reduce a dudar de todo, el mes de Diciembre me impresionaba tristemente, o mejor dicho, acababa de hun­dirme en la más profunda melancolía, desaliento especial que se apoderaba de todo mi ser; cuando las hojas secas del otoño alfombraban los bosques; cuando por una transi­ción violenta se suceden las sombras a la luz, y el crepúscu­lo vespertino es tan breve, como las horas felices de la vida; cuando las noches principian a ser húmedas, y las mañanas desapacibles, yo sentía un, dolor sin nombre, y el frío y la aparente destrucción de la naturaleza se comunicaban a mi pensamiento, y daban un adiós tristísimo a los lirios del valle a las frondosas enramadas, a las brisas primaverales, y a las ráfagas ardientes del estío, diciendo con amargura­ ¡Quién sabe, sí cuando de nuevo florezcan los almendros habré yo dejado de existir…!.

Y nadie irá a dejar en mi tumba ni una lágrima, ni una flor….!

II

¡Cuán triste es la eluda! Los duelistas me compasión que los ateos y los materialistas; ese ser y no ser, esa incertidumbre, esa vaguedad, esa lucha, en fin, que fatiga y languidece. La duda la comparo con el purgatorio de los católicos, felizmente, llegó un día en que me di razón de mi ser, y acepté como herencia legalmente adquirida mi peregrinación por esta calle de amargura (alias) tierra. Desde este momento, dejó de impresionarme el otoño, y siento en el mes de Diciembre una intima satisfacción. Cuando las campanas tocan al vuelo diciendo a los fieles: «Recordad el nacimiento de Jesús», entro en mí misma, reconcentro en una mis vagas ideas, y murmuro con voz apagada: «Esas lenguas metálicas anuncian que se ha cumplido un nuevo plazo de la vida, la humanidad ha dado un paso más, tiene un año menos de juventud; pero ha dejado saldada alguna pequeña cuenta que dejó pendiente, uno, de los muchos desaciertos que nos trajeron a este planeta».

Después de la primera edad, cada año que pasa deja algunas hebras de plata en nuestros cabellos, imperceptibles arrugas en nuestra frente y una contracción especial en nuestros labios, en los que se dibuja una triste sonrisa: nuestra parte física se marchita, pero nuestra mente con­templa nuevos horizontes, las ideas avanzan por ellos y los pensamientos encuentran ignoradas recompensas, y justas expiaciones. El Espiritismo, sin duda alguna, ha venido a producir, un trastorno de primer orden en todas las creencias, y a cambiar por completo el curso de los sucesos: en mí misma tengo la prueba de ello. Antes, cuando veía las hojas secas impelidas por el viento, las decía con desconsuelo: «Vosotras sois la imagen de la vida, os vais para no volver», y ahora las miro como pasan arrebatadas por el huracán, y las digo, «volad mensajeras, anunciad vuestra llegada en otras regiones, yo os volveré a encontrar: desapareceréis de la tierra; pero vuestros átomos germinarán de nuevo: nada se pierda en la nada, todo se reproduce eternamente».

III

¡Qué porvenir tan distinto se presenta ante mis ojos! ¡Como el pensamiento avanza, y con el telescopio de la razón, contemplo ilimitados horizontes, millares y millares de mun­dos, focos de inextinguible luz, fuentes de ciernos manantiales, árboles gigantescos, flores de vivos colores y penetrante aroma, veo a la humanidad multiplicándose en generaciones ennoblecidas por el trabajo, avanzando siempre en pos del progreso! Cuando se tiene ante la vista la eternidad por límite, ¡qué poco nos impresionan los cambios atmosféricos de la turra que influyen eficazmente en su vegetación y des­arrollo! Ni sus días de fuego, ni sus noches de nieve; ni sus maña­nas risueñas, ni sus tardes sombrías, todo lo vemos pasar como la visión óptica de un cosmorama: la tierra es para los espiritistas, lo que una estación de tercer orden para los que viajan en ferrocarril. Es como un puerto donde los navegantes se detienen para tomar carbón y agua y seguir después su derrotero. Las guerras, sus disturbios sociales, su engrandecimiento y su ruina, no nos son indiferentes; pero inclinamos la cabeza, y preguntamos a los siglos que pasaron por la historia de las naciones; y cuantas veces tenemos que repetir el vulgar adagio: ¡Que aquel que a hierra mata a hierro muere! No crean por esto los detractores del Espiritismo que los espiritistas a semejanza de los orientales decimos: «Estaba escrito», y ante la fatalidad nos cruzamos de brazos, .no; el verdadero espiritista trabaja constantemente para mejorar en parte la condición de la humanidad, mejorándose a sí propio. El espiritista se convierte en juez de si mismo, y no hay juez más implacable que nuestra conciencia. Nos cuesta trabajo, mucho trabajo, conocernos a nosotros mismos y convencernos que somos los autores de nuestro infortunio; pero cuando llegamos a vencer en algo las insuperables dificultades de nuestro amor propio, y refi­nada egoísmo, entonces somos mucho menos desgraciados.

IV

Adiós, hermano mío, un año de luchas fratricidas y de amargas decepciones, nos deja sus tristes recuerdos; en ese período, dime qué has sentido, dime si los hombres te han parecida menos ingratos, sí has creído posible la regeneración de la humanidad, si llegará ese día en que la ley de Dios se practique en toda su pureza. ¿Llegará ese día?, sí; lo que Dios ha creado, tiene que vivir eternamente, y las sociedades se han ido civilizando día por día; porque a no ser así, la especie humana hubiera desaparecido de la superficie de la tierra devorada por su antropomorfismo. Hoy, en medio del adelanto intelectual que ha modificado las condiciones de habitabilidad de este planeta; hoy que las naciones se aproximan unas a otras por medio del vapor, y del telégrafo; hoy que los pueblos se unen por el comercio y la industria, se nota de individuo a individuo una marcada repulsión, las sectas religiosas se disputan Dios, las escuelas filosóficas se arrebatan una causa y efecto y hasta el Espiritismo es anatematizado, excomulgado y puesto en ridículo de una manera inusitada, y sus adeptos son llamados locos, hipócritas, falsarios, y hasta criminales... ¡Pobre humanidad!,.. me inspira compasión, y quisiera tener la elocuencia de Esopo, el talento de Sócra­tes, y la paciencia de Jesús, para cruzar, la tierra difun­diendo la buena nueva del, Espiritismo. Ninguna de estas condiciones ennoblecen mí ser, sólo tenga el deseo de hacer participes a otros de mi melancólica tranquilidad; pero no hasta poder, es necesario querer.

V

¡Oh, espíritus!..., iluminad mi entendimiento, dándome elo­cuencia, constancia y fe, para que mi acento resuene de un polo a otro polo diciendo que el Espiritismo es síntesis de, la creación, es el símbolo de la esperanza, es la tierra prometida de los profetas, es la solución del gran problema, es la razón demostrada, es la historia de Dios, es la tradición de la humanidad, es, en fin, el gran libro donde el hombre aprende a conocerse y que el día en que la raza humana tenga conciencia de lo que vale, habrá encontrado su ideal. ¿Cuándo llegará ese día? ¡Oh, mes de Diciembre! ¡Pasa con tus fiestas tradicionales, con tus infantiles y poéticos nacimientos y tus significa­tivos árboles de navidad, con tus alegres días de campo y tus ruidosas noches, desaparece en el caos del tiempo para que tengamos un año menos de juventud, y avancemos un paso más en la senda del progreso! Hermano mío; caminemos apoyados en nuestras ideas, que sólo tienden al adelanta universal.

Amalia Domingo Soler

Extraído del libro "Ramos de Violetas"  1874