Browse this website in:
Google
Web
Buscar en Luz Espiritual

La weblog Espirita de Mari

 

Radio Colombia Espirita

Hora local

Barcelona-España

La televisión espirita

 

Replica a la escuela materialista PDF Imprimir E-mail
Amalia Domingo Soler
Escrito por Administrador   
Domingo, 21 de Noviembre de 2010 17:37

Si la escuela materialista, por medio de uno de sus más dignos y caracterizados representantes, el Sr. Roig y Minguet, no se hubiera ocupado de los espiritistas en la notable conferencia que dio en este mismo lugar el 21 del pasado Enero; y puesto que en publico fuimos aludidos, en publico nos cumple contestar y en el mismo sitio donde él habló. La escuela materialista hizo sobre el Espiritismo algunas observaciones muy razonadas: Expuso sus dudas, explanó sus temores, y se ofreció de muy buen agrado a sostener una discusión amigable si sus palabras daban pábulo a ella; y ante tal ofrecimiento hemos creído más lógico contestar a tan digno y tan leal adversario, siquiera por cortesía, y mucho más que la escuela materialista nos inspira profunda simpatía.

¿Sabéis por que? Porque no es hipócrita, porque va en pos de la verdad que es la ciencia, porque cuando un materialista cumple con todos sus deberes y se sacrifica si es preciso en bien de la humanidad, las buenas acciones de aquel incrédulo son más meritorias que las de un creyente, porque no espera ningún premio, puesto que cree que al morir todo se pierde con él. Hace el bien por el bien mismo, y este desinterés, esta abnegación no tiene precio.

Todas las religiones tienen para el alma infiernos y cielos; y hasta el Espiritismo, escuela puramente filosófica, tiene para el Espíritu la vida infinita en sucesivas encarnaciones, en múltiples existencias, por las cuales el alma se engrandece y progresa en ese día sin noche que esperaba Sócrates, y los materialistas... su mañana; es el no ser. Al exhalar su último suspiro, los átomos del fósforo que encerraba su cráneo vuelven al gran laboratorio de la naturaleza. ¡He aquí todo! Por esto los que se engrandecen por sus virtudes, son más grandes que los demás hombres; porque creen que la nada es su porvenir; niegan a Dios y sin saberlo practican su ley, haciendo el bien sin esperar ni pensar en la recompensa. Otro lazo que nos une a los materialistas es que su historia científica no tiene ni una página sangrienta, y en la historia filosófica del Espiritismo no se encuentra una hoja que esté escrita con sangre. Ni el materialismo ni el Espiritismo han causado una sola víctima a la humanidad. No pueden decir otro tanto de las religiones positivas; porque las guerras religiosas han sido las más horribles, las más crueles, las más despiadadas, figurando en la escuela y en la historia teológica los crímenes más espantosos, torturas inconcebibles, ensañamientos y persecuciones inverosímiles de las cuales apartamos la vista con invencible horror. Para nosotros el fanatismo religioso nos parece una noche de tempestad; desgraciados de aquellos que vivieron entre sus sombras.

Antes de entrar de lleno en nuestro tema, repetimos de nuevo que si hablamos esta noche de Espiritismo es porque las circunstancias lo han proporcionado así; e insistimos tanto en este punto, porque sabemos que muchos han dicho, que no es este sitio a propósito para discusiones filosóficas, y hasta cierto punto los que así opinan tienen muchísima razón. Prueba de que lo hemos creído así, cuando en nuestras conferencias anteriores hemos procurado hablar de asuntos conocidísimos de todos, descendiendo al terreno práctico de la vida, y si esta noche no lo hacemos del mismo modo ya sabéis el motivo. No creáis, no (que algunos tal vez lo creerán) que deseamos hacer propaganda espirita, porque la escuela espirita no tiene necesidad de exhibirse para hacer prosélitos, pues como no entra en sus propósitos levantar templos, ni recaudar recursos para sostener cultos, de ninguna especie, ni mantener ningún cuerpo sacerdotal, no precisa aumentar sus filas, es una escuela filosófica que avanza lentamente, estando persuadida que no por mucho madrugar amanece más temprano; cree firmemente que está en la verdad y que es la filosofía más adelantada de nuestros días. San Agustín dijo: "Dios es paciente porque es eterno", y esto mismo, decimos nosotros de la escuela espiritista: es paciente porque su verdad es eterna. Cuenta con un aliado leal que le proporciona adeptos en todas las clases sociales. Él penetra en los palacios de los emperadores y en las cabañas de los mendigos, en la solitaria celda de la inclusa y en el lupanar de la ramera, en el laboratorio del sabio y en el garito más inmundo. ¿Sabéis cual es el poderoso agente que trabaja en pos del Espiritismo?... ¡Es el dolor! El dolor que produce la muerte de un ser querido, cuando la madre amante pierde a su hijo, a ese ser que ha querido antes de verlo, cuando el hombre enamorado contempla sin vida el cuerpo de aquella que le hizo feliz con la magia de su amor, cuando todo se ha perdido... se apela a todo, y lo que antes nos parecía un absurdo, lo encontramos razonable si responde a nuestros deseos.

No hace muchos días que hablamos con un materialista, hombre de mucho talento que ha perdido una hija de 19 años; única flor que embalsamaba su existencia, y nos decía con voz vibrante: "No creo en nada... para mí todo es mentira... pero si el Espiritismo pudiera convencerme de que aún subsiste algo de mí hija... ¡Yo sería espiritista! Yo lo propagaría por las calles y plazas... yo le prometo estudiarlo porque para poder vivir necesito convencerme de que algo sobrevive de mi hija, llámese Espíritu, llámese fuerza inteligente o el yo pensante". Así es, que contando el Espiritismo con tal fiel aliado, no se inquieta por propagar su doctrina. Los espiritas racionalistas seguimos los consejos de los apóstoles, no nos gusta hablar fuera de tiempo; pero sí lo que es a tiempo, nunca rehuimos el contestar, y a cuantas escuelas se ocupen del Espiritismo les contestaremos, siempre que lo hagan en términos corteses, que en esta ocasión lo ha hecho la escuela materialista, que más bien que una sátira nos ha hecho objeto de una crítica razonada, pareciéndose mucho a un saludo amistoso, el cual correspondo con la mayor voluntad. Hechas estas aclaraciones que hemos creído necesarias para tranquilizar algunos ánimos, hablaremos de las ventajas y excelencias del Espiritismo dando algunas explicaciones sobre sus principios fundamentales, y demostrando que los verdaderos espiritistas no le concedemos a la materia ningún poder sobre el Espíritu, puesto que la primera es un instrumento del Espíritu.

Dice el Sr. Roig Minguet que todos los fenómenos de la naturaleza son efecto de las causas físicas; o sea de las propiedades de la materia, pero que él, le daba además una causa moral, el alma que brotaba de todas las fuerzas en acción, que él encontraba la imagen del alma, en la caldera de vapor que gracias al fuego ponía en movimiento todos los objetos útiles para el hombre, como por ejemplo los telares que tejían el hilo y hacían las telas con las cuales el hombre se reserva del frío; que la acumulación del trabajo era lo que producía el alma moral, metafóricamente hablando, que al alma consiste en las propiedades que en sí tiene la materia, y que esta alma moría con el cuerpo. Con la galanura de estilo que le distingue, describió el Sr. Roig Minguet el alma que él veía en el vapor, y hablaba con tan profunda convicción, que en aquellos momentos nos parecía que su argumento no tenía réplica, tanta era su elocuencia y tan gráfica las imágenes que presentaba, pero cuando terminó su discurso, cuando su voz cesó de dar vida a sus ideas, he aquí las reflexiones que surgieron en nuestra mente. Es una realidad que en toda maquina o motor necesita una fuerza impelente más o menos vaporosa, esta fuerza formada de diferentes materias sutiles puestas en combinación, bien podría decirse y hasta asegurarse, que son el alma del motor o máquina, si tuviera la propiedad de dar además de la fuerza, completo movimiento e independencia en momentos dados a la máquina o motor a que sirven, pero esto no sucede, porque la inteligencia allí no existe. Allí no hay más que materia subordinada a todas las leyes físicas, y como tal todas sus moléculas no hacen otra clase de operaciones que las que en general hace todo el sistema molecular de nuestro sistema planetario.

Para que una máquina o motor de cualquier especie movida por cualquier naturaleza de fuerzas produzca los efectos convenientes se necesita:

1° Que la inteligencia o que el yo pensante, haga el proyecto del motor que quiere construir para aplicarlo a determinado objeto.
2° Que calcule la clase de piezas y la forma de estas que deberán componer en conjunto todo el organismo de la máquina, y deberán recibir las fuerzas impelentes a que se les destina.
3° Calcular por medio de la ley de roce, resistencia y choques, a que clases de defectos pueden estar sujetas ciertas piezas y precaver con tiempo material y fuerza sus resistencias.
4° Calcular por medio de las leyes o ciencias físicas y demás, los efectos a que deberá estar sujeto el motor construido.
5° Una vez ya concluida la máquina, practicar en ella todos los efectos de movimiento acelerado, y reparar todos aquellos defectos que la inteligencia o el yo pensante haya observado o visto por medio de la práctica, no habiendo podido hacer durante la construcción de la máquina, por no tener aún medios para experimentar.

Si a todo esto añadimos que la inteligencia o el yo pensante es el que utiliza todos los productos materiales de nuestro sistema planetario y que por medio de ellos se construye los instrumentos más indispensables para llevar a cabo las obras ideadas ya de antemano, tendremos que en realidad la materia nos sirve en todo y para todo lo que nosotros queremos utilizarla, pero que nunca ésta viene a anteponerse, ni siquiera a darnos la más pequeña muestra de que posee el más diminuto átomo de inteligencia. En este concepto, pues, bien puede decirse que la materia tal como nosotros la comprendemos en sus propiedades y sus leyes científicas, es la masa que se mueve a impulso, voluntad y capricho de la inteligencia humana, y así no será difícil asegurar, que la inteligencia dado el caso muy probable de que sea material, ésta en todo caso deberá ser la materia imperando en todos los conceptos sobre todas las materias que constituyen el Universo, y si buscamos por la ley del calculo infinitesimal, a que cantidad más o menos afines a las leyes de densidad material, pertenece el yo pensante, nos encontramos de que si para hallar a Dios no es completamente tan imposible como hallar una cantidad que no tenga otra mayor; para el Espíritu no será también imposible hallar un término de densidad material que no tenga otro término de condiciones mucho más infinitesimal que aquel. No es nuestro propósito tratar de convencer a la escuela materialista de que Dios existe, primero porque nuestra voz no es autoridad; y segundo, porque sabemos muy bien, (por larga experiencia) que el orgullo de los sabios se declaró infalible mucho antes que el sumo pontífice.

Inútil sería también quererles demostrar la verdad de los fenómenos espiritistas, estos no se han vulgarizado lo bastante para que la generalidad de los sabios se rinda ante la evidencia; y como dice muy bien Allan Kardec hasta que ese tiempo no llegue, es intempestivo distraerlo de sus trabajos especiales para obligarles a que sé ocupen de una materia ajena a sus atribuciones y a su programa. Por esta razón, nosotros que somos muy avaros del tiempo, y que decimos lo que decía el sabio, que el tiempo es el oro de Dios, no queremos perder en un trabajo infructuoso y sólo hablaremos de las ventajas y excelencias del Espiritismo moralmente considerado. El Espiritismo no puede considerarse como una religión, sino como una filosofía, como un estudio de la esencia, propiedades, causas y efectos de las cosas naturales; es una escuela cuyo credo no está amenazado como el de las religiones, por cismas y conflictos teológicos. Sus eternas verdades, ni las sancionará un cónclave, ni las negará otro, ni habrá poder humano que destruya sus altares y derribe sus dioses; porque sus altares son los universos, y su ídolo, su Dios, es esa inteligencia suprema, ¿Por qué la encuentran los sabios en su camino si no lo saben definir? Como le sucedió al inolvidable Bartina, preciada flor de la escuela materialista, que como dijo Mistral: "tenía la ambición de la verdad y sufría la nostalgia de la plena luz".

Aún nos parece escucharle cuando decía en su orgullo de sabio: ¡Todo lo sé! Del mundo los arcanos ya no son para mí lo que llama misterios sobrehumanos el vulgo baladí. Sólo la ciencia a mí ansiedad responde, y por la ciencia se que no existe Dios, que siempre esconde el último porqué. Más ¡Ay! Que cuando exclamo satisfecho ¡Todo, todo lo sé! Siento aquí, en mí interior, dentro de mi pecho, un algo... un no sé qué... Pues ese no sé qué, es el Dios de los espiritistas, ese algo incomprensible, inmensamente grande, que alivia el Espíritu, pero que no ven los ojos de la materia y que como hemos dicho antes es tan imposible definirlo como citar una cantidad que no tenga otra mayor. Dice el Sr. Roig Minguet que ha oído decir que los espiritistas cuando son vencidos por las pasiones, dicen que han cedido al poder de la materia; y replica él muy cuerdamente, que los que tal dicen conceden a la materia una fuerza, un alma superior al Espíritu que domina aquel cuerpo, y demuestran que Dios no supo equilibrar bien las fuerzas, cuando dio a un Espíritu pigmeo la materia de un gigante para que esta venciera a aquel. Tiene mucha razón el Sr. Roig Minguet; nosotros también hemos oído hablar más de una vez muy erróneamente del Espiritismo a los mismos espiritistas que en esta escuela como en todas las hay racionalistas y los hay ignorantes. El Espiritismo racionalista cuando cede a los halagos de las pasiones, no dice me venció la materia, reconoce únicamente la debilidad de su Espíritu que no sabe precaver el peligro.

Amalia Domingo Soler

Extraído del libro "La Luz que nos guía"