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¡Justicia! PDF Imprimir E-mail
Amalia Domingo Soler
Escrito por Administrador   
Jueves, 20 de Agosto de 2009 15:23

Un error judicial, treinta y cinco años de presidio.

"Pocos días ha llegó a Reggio de Calabria, Francisco Crea, in anciano de setenta y dos años, alto, seco y enfermizo. Su semblante denunciaba largos sufrimientos y por su modo de hablar se deducía que había estado largos años en presidio, treinta y cinco según las certificaciones que consigo llevaba. "La noticia de que un presidiario inocente regresaba a su patria, el pueblecito de Palizzi, enclavado en la Calabria, había, circulado por la prensa, y dos reporteros salieron al encuentro del liberado, en Reggio, y consiguieron que les comunicase alunas interesantes noticias de sus aventuras y de su cautiverio.

"Corría el 13 de febrero de 1865, último día de carnaval, comenzó diciendo, cuando mi hermano Antonio tuvo una disputa con Pedro Calba, en Palizzi; le maltrató y buscó refugio en una casita de campo mía con el fin de no ser detenido y para evitar ulteriores cuestiones con el agredido. "Pero un hijo de éste, llamado Francisco, teniendo noticia le que mi hermano había abofeteado a su padre se apostó armado cerca del refugio de Antonio para sorprenderle. Como ni hermano no salía al aire libre, el rencoroso Francisco trató le poner fuego a la casa, incendiando un pajar próximo a ella. "A la siniestra luz del pajar, convertido en hoguera, vio Calba salir fuera de su casa a Antonio D'Amico de Matarazzaro, y creyendo que fuese mi hermano le apuntó bien con la escopeta, disparó el arma y le dejó muerto de un balazo.

Supe que D'Amico había sido asesinado cerca de mi habitación, mas nada temí. "Cuando alguna persona dijo que se me acusaba de homicidio, protesté. "Tuve algunas polémicas sin importancia con el asesinas por afirmar éste que mi hijo había causado destrozos en huerto; pero esas cuestiones fueron de poca importancia, considerando que por ellas no se podía pretender acusarme de gravísimo delito. Fui preso, sin embargo, y mediante declaraciones artificiosamente combinadas se me procesó y comparecí ante el tribunal del jurado, en Reggio de Calabria. "Allí me condenaron a muerte, a pesar de los esfuerzos mi defensor, el respetable barón Giuseppe Nanni. "Elevé recurso ante el tribunal de casación y mi defensor el abogado Casella, obtuvo la anulación de la sentencia. Se envió la causa al tribunal de Monteleón Calabro. Allí me defendió el abogado Fernandino de Francia. Su informe fue tan elocuente que aun corazones de piedra se hubieran conmovido.

"Se me condenó a muerte por mayoría de un solo jurado se me conmutó la pena por la de cadena perpetua. "Siempre lloré amargamente mi desgracia, siempre estuve inconsolable; primero, por habérseme condenado siendo inocentente y, además, porque dejaba en mi casa una mujer angelical en mi esposa Bruna Luciano y tres hijos: Vicente, Saverio Eurico. "Conducido el condenado al presidio de Civitavechia pasó veinte años allí, clasificado con el número 21-28. Fue traslada luego al de Portolongone, recluyéndolo, por último, en el Portoferraro, donde perdió toda esperanza de libertad. "Habían transcurrido treinta y cinco años cuando Francis Calba, gravemente enfermo y teniendo en cuenta que había cometido el delito, se declaró autor de la muerte de D'Ami ante el notario Ajello; y un protector de Crea, el barón Vicenzo de Basio, llamó la atención del ministro de justicia sobre el espantoso error judicial. "El director del presidio, prosiguió Crea, hablando de los últimos momentos de su prisión, me había anunciado que quedaría libre a los dos o tres días, pero yo dudaba, cuando el cabo de guardia mandó presentarse al número 21-28, que yo llevaba; me estremecí y abracé y besé a todos mis compañeros de cuadra.

Llegó un hombre, dejó en tierra un yunque y un cortafrío partió la cadena que había llevado durante treinta y cinco años, la que ha dejado en mi cuerpo señales indelebles. Fui enviado, continuó el liberado del presidio, a la celda de Pasanante, donde se presentó un sastre a tomarme medidas para confeccionarme esta ropa. Al siguiente día estaba en libertad, pero sin tener qué comer. Algunos jóvenes ingleses que trabajan en las minas de Portoferraro me dieron de comer y de beber y me entregaron cerca de seis liras, recogidas en una colecta. "Un delegado de seguridad me entregó después una lira y veinte céntimos; viajé con pase hasta Nápoles, y al fin he llegado a esta ciudad". Anunció luego que se trasladaría a Palizzi, donde habitan sus tres hijos, todos ellos casados, y uno con la hija de Francisco Calba.

Lamentó la desventura del infeliz D'Amico, y antes de despedirse de los periodistas mostró a éstos sus brazos, tatuados como los de todos los presidiarios viejos, en uno de los cuales están dibujadas las escenas del Calvario, como si se hubiera propuesto recordar constantemente que él fue condenado inocente también y que también ha recuperado al fin la libertad, mas no la juventud y la robustez que la justicia humana es incapaz de devolverle.

* * *

¿No es verdad que horroriza el anterior relato? Indudablemente. El ánimo más alto, el Espíritu más fuerte, el alma con bríos de gigante tiembla aterrorizada ante la idea de ser víctima de un error judicial. Muchos errores judiciales se registran en la historia de los procesos, muchos infelices han subido las gradas del patíbulo sin haber cometido el menor delito, y más de un escéptico ha dicho con amarga ironía: ¡Y luego dicen que hay Dios!.. . ¿Dónde está su eterna justicia? ¿Quién sostiene la balanza divina que se inclina con tanta torpeza y pesa más la calumnia que la inocencia? Bien considerado, hay motivos más que suficientes para expresar del modo que lo hacen los escépticos, pues sólo el estudio razonado del Espiritismo es el que levanta una punta del velo que cubre la vida pasada, esa vida innegable sin la cual habría derecho de renegar de haber nacido y de servir de juguete a la ignorancia de los mal llamados jueces, que tan a ciegas condenan y tan impasibles se quedan después de haber cometido las más horribles de las torpezas; y aún estudiando el Espiritismo, ante errores judiciales tan horribles como el que cometieron los jueces con Francisco Crea, se queda uno perplejo sin saber qué pensar, y en tal estado recurro siempre a mi consejero espiritual para ilumine mi entendimiento y me salve pensar torpemente. Mas como mis preguntas no tienden nunca satisfacer pueriles curiosidades, quizá por eso (hasta ahora) encontrado buena acogida en mis amigos del Espacio. Inspira ¡OH, tú! que tanto sufriste en la Tierra y que tan bien supiste leer en el corazón humano. Sí, padre Germán, háblame una vez más para tranquilice mi Espíritu, que ante ciertos errores judiciales parece que pie: la reflexión necesaria para buscar la eterna justicia. Accediendo a mi deseo, he aquí lo que dice el guía de mis trabajos.

* * *

"Efectivamente, desorientada te encuentras, porque tú comprendes que martirio tan horrible como el sufrido por ese desdichado debe obedecer a causas poderosísimas, y que ante la necesidad imperiosa del castigo desaparece una gran parte de culpabilidad de los jueces y su error es como si dijéramos fortuito, puesto que se necesitan los instrumentos de tortura para atormentar a los condenados. Pues yo debo decirte que estás un gran error, los jueces son criminales, su crimen no tiene la más leve atenuación, porque el papel de verdugo no es necesario representarlo en la Tierra para castigo y escarmiento de culpables; cuando un hombre merece sufrir los tormentos del infierno, no necesita que nadie le arroje al abismo, él mismo se arroja. "Recuerda que no hace muchos meses leíste en los periódicos y temblaste de espanto que un sabio explorador ha caído desde una gran altura a un precipicio, arrastrando tras sí a su guía; la nieve los cubrió, murió el guía y el sabio que sujeto en un hueco formado por las rocas y allí permaneció días escribiendo en su cartera sus últimos pensamientos, hasta que la nieve tapó su sepultura, y días después solícitos amigos buscaron al explorador y lo encontraron en su tumba improvisada apretando la cartera contra su pecho, tesoro inapreciable para el sabio y para la ciencia, puesto que en sus hojas estaba escrita la agonía de un mártir, con los datos más precisos para saber cómo mueren los que se empeñan en leer en el libro de la Naturaleza.

"Ya ves, aquel hombre no necesitó que lo pusieran en capilla y que un sacerdote le hablara de la vida eterna para consolarle de la pérdida que iba a sufrir; él mismo buscó en su caída el lugar apropiado para meditar en sus últimas horas; él, sin necesidad de que le obligaran, confesó sus culpas ante la proximidad de una muerte inevitable y lloró contemplando a su guía, al que arrastró en su caída involuntariamente. Con la culpa va enlazada la sentencia de la justicia eterna. Así es que cuantas torpezas cometen los jueces por su poco estudio y el escaso interés que se toman por los infelices que aparecen como criminales, tienen a su debido tiempo su castigo merecido; y si hay Espíritus turbados en el Espacio, la mayoría de ellos son nuestros togados, los que firmaron impasibles sentencias de muerte sin conocer, en lo más leve la culpabilidad del acusado. No se te ocurra nunca creer ni decir que si una persona merece ir al suplicio se necesita quien disponga que facto se verifique; cada cual es el verdugo de sí mismo; estudia un poco en la humanidad y te convencerás que estoy en lo cierto.

"Mira, por ejemplo, a un rico improvisado, y si no merece gozar de los placeres que le proporciona la riqueza le verás que vive pobremente, que no disfruta ni poco ni mucho del bienestar que se le ha entrado por las puertas, no necesita que los ladrones le dejen pobre, él mismo conserva los hábitos de la pobreza. "¿Por qué? Porque no merece ser rico, porque en justicia no tiene ganado el goce de las satisfacciones que brinda la abundancia. La justicia más estricta reina en la Creación, vosotros no lo comprendéis, como no comprendéis otras muchísimas cosas. ¿Veis a la simple vista los millones de mundos que giran en el Espacio? No, vosotros no los veis, pero existen, pues de igual manera existe la justicia eterna; por eso la vida de las almas es eterna, porque necesitan estudiar en el gran libro cuyo título es muy breve, únicamente ocho letras entran en su composición: ¡Justicia! ...

"Respecto a ese infeliz que durante treinta y cinco años ha rodado por los presidios, si bien en esta existencia ha sido un ser inofensivo, no siempre ha tenido tan buenas cualidades, pues siglos atrás fue uno de los muchos Caínes que han matado su hermano. Ese infeliz que en aquella época era noble y llamaba Conde Selvio, tenía muchos pergaminos, pero sus are, estaban vacías, porque su hermano el primogénito era el dueño absoluto de los cuantiosos bienes de aquella opulenta familia cuyos miembros todos vivían a la sombra del placer en humillante dependencia. Selvio no se conformó con semejante tutela reclamó una gran parte de los bienes a su hermano y éste cedió a su petición, entonces Selvio le secuestró, le hizo desaparecer sin que nadie lograra dar con él, le sacó los ojo y por un refinamiento no le mató, lo tuvo enterrado en vid cuarenta años, pues enterrado vive el que habita en un subterráneo arrastrando pesadas cadenas, y para mayor seguridad entregó a un reyezuelo fronterizo, diciéndole:

-Estas prisiones es la garantía de tu reinado, el día que él muera me apodero de tus Estados.

El otro, por la cuenta que le tenía, le daba, prisionero buenos alimentos y hasta le quitaba las cadenas para que anduviera por el subterráneo libremente. Selvio visitaba su hermano varias veces al año, exigiéndole siempre que hiciera donación de cuanto poseía, diciendo en el escrito que se consagraría a Dios; el prisionero se negó siempre a la petición de su hermano, el cual hizo matar secretamente al único hijo del prisionero, cuya esposa murió loca, y Selvio se apodero de toda la herencia, mas no atreviéndose a matar a su hermano ya que, por un vago temor, creía que muerto su hermano moriría también.

No se engañaba en sus cálculos, porque morir el prisionero, casi instantáneamente sintió Selvio el contacto de sus manos de hierro que le estrangulaban. Era el Espíritu de su hermano que se vengó de su largo cautiverio, pero como el dolor de un segundo no es bastante para saldar una cuenta de tantos años, por eso ahora ha estado treinta y cinco inviernos en presidio arrastrando una cadena y, mas feliz que su víctima, no ha perdido la vista y ha tenido cinco años de rebaja; y si no hubiera encontrado jueces torpes, él mismo hubiera convertido en acusador de un crimen imaginario, puesto que, cuando el Espíritu se propone saldar una cuenta elige la época que mejor le parece, nada ni nadie le detiene en el cumplimiento de sus propósitos, dado que cada Espíritu sabe cuando le conviene aligerarse un poco de su pesada carga.

"Adiós".

* * *

¿Qué diré después de lo que ha dicho el guía de mis trabajos? Lo que dijo aquel sabio: "Solo sé que no sé nada".

Amalia Domingo Soler
Extraído del libro "Hechos que prueban"