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En el constante vibrar y centelleo de las estrellas, soles, mundos, ¿no os dicta vuestra razón que Dios, fuente de sabiduría, bondad y belleza, es todo Amor para sus hijos?
Sí, en todo lo creado que alcanza la imperceptible como limitada vista material, hay lo grande, lo inconmensurable, lo infinito, infinitamente progresando, de morada en morada, de sol a sol, hacia el infinito, siempre infinito y sin llegar a su fin. No llegaremos a Dios, porque Él está en nosotros, y nosotros en Él, por todo y en donde estén nuestras fuerzas y progresos. ¡Si con el análisis, análisis sirviéndose del instrumento razón, hubierais comprendido lo que es la constante desintegración e integración de todos los elementos que dan vida a la Tierra, a los seres y a las plantas!
¿Qué hace el agua para desintegrarse? Se evapora ¿Y para integrarse? Se desprende de las atmósferas vaporosas para convertirse en lluvias. Lo mismo hace el ser pensante, deja su envoltura para coger de nuevo otra, en el seno de la madre. ¿Qué hace el espíritu por medio de sus idas y venidas?
Progresar incesantemente, ¿no veis en el corto plazo habitable de una existencia terrenal las transformaciones que observáis? ¿Cuáles son los diferentes estados y cualidades de los seres? ¿Por qué en el curso de la vida, unos ríen y otros lloran? ¿Por qué esa desigualdad? En cada existencia el ser, deja cual árbol, la corteza de sus imperfecciones, y cuando ya depurado, recibe como premio los merecimientos que Dios le tiene reservado, siguiendo siempre en espacios infinitos. ¿Por qué afanaros tanto en lo material y transitorio? ¿No es una locura, una falta de comprensión el desechar lo grande por lo imperfecto? ¿Qué son los goces materiales? Vibraciones fugaces e imperfectas, que pasando por la fragua del sufrimiento le da como experiencia, el camino progresivo que ha conducirle en el progreso incesante. ¿Qué es el amor de una madre a un hijo? ¿No os dice que hubo un ayer y que habrá un mañana? Y entre el ayer y el mañana vamos interponiendo flores o espinas, ¿qué hallaremos?
Así, el espíritu va pulimentando las facetas vibratorias que lo impulsan hacia un nuevo porvenir. Tened muy presente, hermanos míos, y ante vuestro espíritu, esa esencia, esencia del Creador, y que con ella vais siguiendo el curso de vuestro progreso, sin que jamás lleguéis a su fin. ¿De qué os servís cuando pensáis? ¿De qué servís cuando amáis? De una esencia, que es el espíritu. Luego esta esencia que sobrevive después de la denominada muerte, ¿quién la creó? ¿No os dice vuestra razón, no os dicta vuestro espíritu, que entre todo y por todo existe un Padre, un Creador, un Dios todo Bondad, Amor y Misericordia para todos sus hijos?
¡Ah!, hombres de ayer. ¿Queréis ser siempre niños? ¿No queréis dar el primer paso? ¿Tanto os cuesta desprenderos de todo lo imperfecto y material en que podéis pasar a estados más puros y más concretos? ¿Tenéis que estar siempre así? ¿No deseáis más? ¿Estáis contentos de ser como sois? ¿No aspiráis a felicidades más puras y castas? Estudiad y preparaos para entrar en los mundos esenciales.
Allan Kardec
Extraído del libro "Espiritismo moderno y reformado"
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